El perfil de una democracia podrida

La ciudadanía “piensa” que sólo los partidos políticos juegan en el control y dirección del gobierno, condición absurda, porque su crisis de representatividad nos demuestra lo contrario. Es la ciudadanía organizada y predispuesta a asociarse frente a su poder soberano la que genera mejores gobiernos, porque es partícipe de lo que se construye y para qué se construye.

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Por: Carlos Barra Moulain

Carlos Barra Moulain es Dr. en Filosofía Política, su ciudad natal es Santiago de Chile, encuentra en el horizonte social su mejor encuentro con la historia y hace de las calles el espacio de interacción humana que le permite elevar su conciencia pensando que la conciencia nos ha sido legada por los otros.

Las pesquisas de la Estafa Siniestra, donde la Auditoría Superior de Hidalgo (ASEH) se encuentra abriendo carpetas en un carrusel fiscal sin precedentes, han dado pauta y reflexiones para entender el perfil de una democracia podrida en Hidalgo.

Mis únicos y queridos lectores, si algo ha caracterizado al gobierno de alternancia de Julio Menchaca es su proximidad ciudadana y la batalla anticorrupción emprendida desde el inicio de su administración, que no sólo se concentra en las pesquisas de la Estafa Siniestra, sino, también, en el arqueo a diversas irregularidades en tiempo presente que, sobradas, se están presentando en diversos municipios que, por impericia y corrupción, han colapsado a un año de terminar sus administraciones.

En esta atmósfera convulsa, el análisis crítico indica que los resabios del antiguo régimen -donde el bastión priista se encuentra en el ojo del huracán y no menos lo está el panismo, como lo acontecido en la administración de la exalcaldesa Yolanda Tellería-, pone de manifiesto la construcción de una democracia putrefacta que terminó salpicando a la clase política de la derecha y que frente a los arqueos públicos de la actual administración del gobernador Julio Menchaca, tiembla y se tambalea.

En este escenario, el progresivo arqueo público de la ASEH se encuentra abriendo a la par nuevos capítulos en la procuración e impartición de justicia; los casos de la administración del exalcalde de Pachuca, Sergio Baños, así como del exalcalde de Mineral de la Reforma, Israel Félix, ocupan la atención de la clase política y de la ciudadanía.

En este trazo, la pregunta que subyace no estriba en comprender, exclusivamente, cómo se pudrió la democracia, sino en presentar cómo habrá de limpiarse.

La respuesta a estas interrogantes tiene diversos factores; les expongo algunos piramidales, mis únicos y queridos lectores.

     I. Cultura política

Trascender de las condiciones del vasallaje político que crearon los gobiernos del antiguo régimen implica el interés real y activo de la ciudadanía para indagar, escudriñar y organizarse para dar la batalla en el control de la clase política y las instituciones. Una ciudadanía preparada y activa es la piedra angular para evitar democracias podridas que se pudren, habitualmente, porque la ciudadanía es apática y ajena a las tareas del gobierno.

     II. Asociativismo ciudadano

El poder de la organización -asociativismo ciudadano- es vital para crear inmunidad democrática y control ciudadano de la clase política. Habitualmente, la ciudadanía piensa” que sólo los partidos políticos juegan en el control y dirección del gobierno, condición absurda, porque su crisis de representatividad nos demuestra lo contrario. Es la ciudadanía organizada y predispuesta a asociarse frente a su poder soberano la que genera mejores gobiernos, porque es partícipe de lo que se construye y para qué se construye.

     III. La participación ciudadana

La ciudadanía debe elevar a rango constitucional la participación ciudadana. De este modo, cada institución, programa público y social, y la construcción de la gobernabilidad habrá de implicar que los ciudadanos tendrán que engrosar la estructura de gobierno. Hasta ahora apreciamos que la clase política suele ser juez y parte de lo que construye o no construye, y los resultados de estos están a la vista de todos.

La participación ciudadana en horizontalidad a la clase política es un elemento ausente en las democracias con perfil podrido. Nadie haga caso de las quiméricas políticas públicas” y los hacedores de milagros; las políticas públicas, salvo raras excepciones, ni son públicas ni han dado resultados.

Hace algunos años se publicó el libro Cómo mueren las democracias” (How Democracies Die) de Steven Levitsky y Daniel Ziblatt, los que trataron el problema de la distancia de la cultura y participación ciudadana, criminalizando -esa es interpretación mía- el fracaso de las democracias a la ciudadanía. En lo que sí coincido es en que no podemos tolerar ni pavimentar una democracia podrida.

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Por: Carlos Barra Moulain

Carlos Barra Moulain es Dr. en Filosofía Política, su ciudad natal es Santiago de Chile, encuentra en el horizonte social su mejor encuentro con la historia y hace de las calles el espacio de interacción humana que le permite elevar su conciencia pensando que la conciencia nos ha sido legada por los otros.






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CRONOS - Carlos Barra Moulain

Carlos Barra Moulain es Dr. en Filosofía Política, su ciudad natal es Santiago de Chile, encuentra en el horizonte social su mejor encuentro con la historia y hace de las calles el espacio de interacción humana que le permite elevar su conciencia pensando que la conciencia nos ha sido legada por los otros.