Claudia Sheinbaum regresará esta semana a Hidalgo y, a estas alturas, la noticia ya no está solamente en que venga la presidenta, sino en cuántas veces ha venido. De concretarse la gira anunciada para jueves y viernes, sería su visita número 17 al estado desde que asumió la Presidencia en octubre de 2024. Esta vez estará ligada a la entrega de apoyos de 400 mil pesos para familias que perdieron su vivienda durante las lluvias del año pasado, además de actividades relacionadas con inversiones en Zapotlán y Villa de Tezontepec.
Con el número de visitas de la primera mandataria ya registradas, esto deja de ser un tema sólo de agenda institucional y se va convirtiendo en un sutil mensaje político. Hidalgo tiene hoy varios proyectos federales de gran tamaño sobre la mesa. Está el tren AIFA-Pachuca, que en septiembre reportaba 45 por ciento de avance; el Polo de Desarrollo de Zapotlán, inversiones industriales, nuevos hospitales, carreteras y programas de vivienda. En la memoria política reciente cuesta encontrar una presencia presidencial tan constante alrededor de Hidalgo. Incluso, en aquellos años en que un hidalguense ocupaba una de las posiciones más importantes del gabinete federal, la sensación de cercanía con Los Pinos no se expresaba necesariamente con esta frecuencia de visitas y proyectos.
Pero, además de obras y anuncios, hay una lectura estrictamente política. Sheinbaum no ha escondido su reconocimiento hacia Julio Menchaca. En septiembre, durante su rendición de cuentas en Hidalgo, agradeció públicamente su trabajo y honestidad y lo llamó “un gran gobernador”; meses antes, en Singuilucan, había hecho un reconocimiento similar. Son frases que pueden parecer parte normal del protocolo entre gobiernos del mismo movimiento, pero cuando se repiten y además vienen acompañadas de estas visitas presidenciales, la clase política local debería tomar nota.
Y esto importa porque en Hidalgo ya empezó, aunque nadie lo admita, la conversación política sobre 2027 y también sobre 2028. En ese contexto, cada visita presidencial manda varios mensajes al mismo tiempo. Uno va hacia la ciudadanía con obras, apoyos e inversiones, otro hacia el gobierno estatal con coordinación institucional y otro es la relación que la presidenta mantiene con Menchaca. No hacen falta muchas explicaciones porque las fotografías, los anuncios conjuntos y la frecuencia de las giras hablan solos.
Sheinbaum volverá esta semana y no será la última vez, y ahí está la diferencia. Hidalgo dejó de ser una escala ocasional de la agenda federal para convertirse en un estado importante al que la presidenta regresa ya con bastante naturalidad y en política la cercanía se mide por dónde se decide estar. Por eso, cada nueva visita confirma que la relación entre Palacio Nacional y Plaza Juárez parece atravesar un momento particularmente cercano.





