El Plan B de la reforma electoral de la presidenta Claudia Sheinbaum ha causado escozor entre la clase política del antiguo régimen que, en su atmósfera de Hidalgo, ya presenta inquietudes sobradas sobre la futura reducción de regidurías y, en este entretelón, ya existen los pronunciamientos timoratos de la derecha que se encuentra famélica y que está consciente que va cuesta arriba en su representatividad.
Después de los lloriqueos en Hidalgo por la posible disminución de las candidaturas plurinominales, donde los personeros del PRI y el PAN acusaron al oficialismo de atentar contra las minorías democráticas, sin autoridad moral para ello, porque las tropelías que acompañan a los fraudes electorales, corrupción y descaro político a las fuerzas del antiguo régimen, cuyo comportamiento antidemocrático no le es desconocido a nadie; ahora, los lamentos se ciernen sobre la posible reducción de regidurías y del presupuesto de operación de los partidos políticos, lo cual pondría entre la lona a las huestes de la derecha.
Las quejumbres de la partidocracia y clase política de la derecha tienen suspicacias sobradas, debido a que su representatividad ciudadana es tan precaria, que cada vez que surge una reforma democrática se tambalean sus registros y estructuras, las cuales atraviesan por un periodo de descomposición.
Mis únicos y queridos lectores, el Plan B de la reforma electoral es la puntilla a las tropelías de las fuerzas del antiguo régimen, que hoy se sirven de los escaños y los presupuestos que ha engordado a una clase política odiosa para la ciudadanía y cuya descomposición no puede seguir en las espaldas del erario nacional que es producto del trabajo de las y los mexicanos.
Tener conciencia política y deliberación, frente a las tropelías de la clase política del antiguo régimen, es imprescindible en estos momentos donde el pueblo ha alcanzado reivindicaciones sociales que no puede ni deben retrotraer los sectores de la derecha en México.
La ciudadanía en Hidalgo ha alcanzado niveles de bienestar y reducción de la pobreza que jamás fueron concebidos cuando el PRI gobernó con mano de hierro, clientelismo sórdido y opresión social; en un marco de corrupción que todavía alecciona, lo mismo desde la Estafa Siniestra que desde el uso de presupuestos partidistas de la chiquillada satelital que sangran al pueblo.
En términos estrictos, la reforma electoral de la presidenta Claudia Sheinbaum se erige como una premisa de consolidación democrática que atiende a un contexto específico de reestructuración del sistema político en México y en su trazo concreto hacia la depuración de la representatividad ciudadana, que lo mismo desde los paraísos plurinominales hasta la burocratización de las regidurías en los ayuntamientos, condensa un punto de quiebre a la enquistada estructura de poder del antiguo régimen.
Esta atmósfera donde el proyecto de ruptura política del gobernador Julio Menchaca Salazar abre una expectativa de reorientación del ejercicio público, derribando cotos de poder que se habrá de profundizar en torno al punto de quiebre político del Plan B de la reforma de la presidenta Claudia Sheinbaum.
El extravío político y la sombra de la derrota política se ciernen sobre la chiquillada partidista y su vetusta clase política, que ya no siente lo duro sino lo tupido del proyecto de ruptura política con el antiguo régimen en Hidalgo.
Por: Carlos Barra Moulain
Carlos Barra Moulain es Dr. en Filosofía Política, su ciudad natal es Santiago de Chile, encuentra en el horizonte social su mejor encuentro con la historia y hace de las calles el espacio de interacción humana que le permite elevar su conciencia pensando que la conciencia nos ha sido legada por los otros.





