La extinción del dinosaurio

Al igual que los dinosaurios, el PRI no se habrá de extinguir, solo deberá mutar y adaptarse a la nueva realidad política de México, consecuencia de un rechazo que él mismo provocó.

La sombra del caudillo deambula por el territorio nacional después de que en 1929 fundara al partido para dirimir las luchas intestinas de la clase revolucionaria para pacificar al país y controlar de manera mesiánica y vertical el poder político en México.

 

Todos conocemos la hipótesis del gran asteroide que cayó en el área de lo que hoy es el golfo de México hacia la península de Yucatán que, marcó el proceso de extinción de los dinosaurios, que en realidad jamás se extinguieron, solo mutaron y se adaptaron para degenerar en nuevas especies con características evolutivas de adaptación a la par de la evolución del medio ambiente.

 

Pero al igual que los grandes saurios ya no están como algún día lo estuvieron, el gran dinosaurio tricolor no se habrá de extinguir, solo habrá de mutar hacia una forma adaptable a la espera de reagruparse para fortalecerse, aunque este proceso podría tardar centurias.

 

En Hidalgo el edificio del PRI, grandilocuente, está echado como dinosaurio que, moribundo, aguanta la agonía de la última estocada política que se encuentra acompañada de una defección en masa de sus agremiados y bases militantes, que mutan y se adaptan como lo hicieron los reptiles para avanzar en la cadena evolutiva, solo que ahora lo hacen escondiendo la cara para que el camuflaje les permita la mimesis necesaria en otras estructuras políticas.

 

En esta paradoja, el PRIsaurio ahora se encuentra atrapado por el PANsaurio, dejando claro que quien lleva la batuta evolutiva es el Acción Nacional, cuestión que tiene en el hastío a los sobrevivientes del tricolor, que jamás pensaron que caerían en el neoesclavismo de la estructura blanquiazul.

 

En esta terrible realidad, los priistas de cepa preferirían que les hubiera caído un asteroide y de una vez por todas acabara con la agonía que hoy se encuentran viviendo, sin que exista una narrativa o renovación que los pueda rescatar y, con ello, devolverles el poder que históricamente tuvieron.

 

Quien genera corrupción sucumbe ante ella; hoy el dinosaurio agoniza y sus dolencias no parecen terminar con una sana extinción.

 

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Autor: Carlos Barra Moulain

Carlos Barra Moulain es Dr. en Filosofía Política, su ciudad natal es Santiago de Chile, encuentra en el horizonte social su mejor encuentro con la historia y hace de las calles el espacio de interacción humana que le permite elevar su conciencia pensando que la conciencia nos ha sido legada por los otros.


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