La incongruencia como forma de gobierno en San Felipe Orizatlán

En San Felipe Orizatlán la crisis se suspende por decreto festivo. Donde había carencias, hoy hay huapango; donde había discursos de austeridad, hoy hay fiesta; donde se exigía comprensión al gobierno estatal, hoy se montan eventos “de alcance nacional”.

En San Felipe Orizatlán la política no cambia de fondo, sólo de vestuario. Un día se presenta con el traje de la víctima; al siguiente, con el atuendo festivo del anfitrión. Y en medio, la palabra empeñada queda extraviada entre conferencias de prensa, rituales simbólicos y boletines optimistas.

Durante todo el año pasado, el alcalde Carlos César Pérez Escamilla construyó una narrativa basada en la queja: recortes presupuestales, abandono institucional, un municipio lastimado” y un gobierno —según él— empeñado en ponerle obstáculos. Ese discurso no era nuevo; ya lo había ensayado desde campaña, cuando se victimizó para hacer creer que toda la estructura de poder estaba en su contra.

Sin embargo, la coherencia nunca fue su fuerte, porque después de denunciar al sistema pasó a elogiarlo. Y en una visita del gobernador Julio Menchaca Salazar pidió públicamente a los orizatlenses que lo ayudaran a llegar al corazón del gobernador” para, acto seguido, montar una escena cargada de simbolismo: ritual ancestral, bastón de mando y parafernalia política incluida. La crítica se transformó en reverencia. La queja, en flores.

Meses después, en la toma de protesta del Comité Municipal del PT, el supuesto acto partidista terminó siendo una extensión del propio Ayuntamiento: el quórum lo conformaron, en su mayoría, personas de confianza del gabinete municipal. Autonomía política simulada; control real, absoluto.

No es casualidad que en el cuarto piso ya no le crean, porque así como dice una cosa hace otra; y eso en política tiene nombre: faltar a la palabra. Un sello distintivo que se repite compromiso tras compromiso.

Hoy San Felipe Orizatlán vuelve a ponerse traje de fiesta. Se anuncian con bombo y platillo la feria municipal y el Segundo Concurso Nacional de Huapango, que promete reunir a las mejores parejas del país y marcar el inicio formal de las celebraciones. Todo es identidad, tradición y alegría. Todo es La Fiesta de Todos”.

La pregunta es inevitable: ¿no era este un municipio quebrado y asfixiado por los recortes?, ¿no se la pasó el alcalde lamentando la falta de recursos? y ¿cómo se explica entonces la abundancia para ferias, concursos y carteleras?

En San Felipe Orizatlán la crisis se suspende por decreto festivo. Donde había carencias hoy hay huapango; donde había discursos de austeridad, hoy hay fiesta; donde se exigía comprensión al gobierno estatal hoy se montan eventos de alcance nacional”.

La feria y el huapango son parte fundamental de la identidad huasteca. Nadie lo discute. Lo que sí se cuestiona es usar la cultura como anestesia social, como si el zapateado pudiera silenciar las contradicciones.