La libertad de la humanidad

La ilusión de un mundo de oportunidades para todos, donde la libertad de la humanidad implique la oportunidad de construir una vida digna, es sólo eso, una ilusión.

Como alma en pena, la humanidad se desgarra en una era que evidencia el fracaso del orden sistémico instaurado.

En este momento ciego donde la estupidez y miopía social se impone a la razón de los marginados y explotados por un orden sistémico cruento y desigual en la generación de oportunidades, es necesario que la ilustración clarifique las sombras de los discursos engañosos que pululan en el planeta tratando de desviar la atención hacia la pandemia, ignorando lo que realmente nos ha trastocado frente a los manejos sectarios y mezquinos que no permiten crear una realidad distinta a la que hemos conocido.

La ilusión de un mundo de oportunidades para todos, donde la libertad de la humanidad implique la oportunidad de construir una vida digna, es sólo eso, una ilusión, no la certeza de que esta era de zozobra deje las huellas contundentes para que la sociedad se organice y cree gobiernos para todos, no para unos cuantos sátrapas.

Lamentablemente, nunca hemos tenido integridad ni probidad de la clase política, nunca hemos podido garantizarla, y ello se debe a que las herramientas de participación ciudadana no han sido eficientes para asegurar que lo que se dice en el papel se haga en la realidad.

La libertad de la humanidad se ha constreñido desde hace siglos a la comparsa de los sectores que han hecho del Estado un mito de armonía social que sólo existe en un cuento de hadas, que sólo expresa la miseria que hemos vivido en el vasallaje social.

Es increíble que esta era de muerte nos haya infringido otra herida de la cual no hemos aprendido nada; seguimos de rodillas, seguimos en la indolencia e ignorancia más grande y el costo social es evidente: hambre, muerte y desolación social.

Somos trogloditas del conocimiento científico, rémoras de una sociedad que de manera vertical nos ha vuelto un gigante de papel; no hemos aprendido nada en tantos siglos y vivimos admitiendo la explotación y la virtud del carnicero, vivimos por su gracia y no por nuestra voluntad.

Seguimos ciegos, sordos y mudos. Somos lo que queremos ser, si no somos capaces de rearticular lo hecho en la humanidad, nuestra libertad es sólo una ramera.

 

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Autor: Carlos Barra Moulain

Carlos Barra Moulain es Dr. en Filosofía Política, su ciudad natal es Santiago de Chile, encuentra en el horizonte social su mejor encuentro con la historia y hace de las calles el espacio de interacción humana que le permite elevar su conciencia pensando que la conciencia nos ha sido legada por los otros.


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