La mejor jugada de Kobe Bryant

CON AMOR, HASTA EL FINAL. Kobe se fue defendiendo a su hija como lo hizo con el balón: con el corazón, el alma y su vida. Descansen en paz.

Me llamó mi hijo, aficionado al basquetbol de corazón y de la NBA en especial, para decirme con voz entrecortada: “Murió KOBE“, y luego lo oí llorar: “Iba con su hija… una niñita”.

Y a mí también me dolió, porque nos parece que la muerte de niños, como en este caso, cuando apenas iniciaba su camino, duele más.

Pero, ¿sabes qué, hijo? KOBE era un extraordinario jugador, un anotador implacable, por algo le decían “LA MAMBA NEGRA”: la serpiente más letal de África; cuando se lo proponía, nadie lo detenía y por su parcela no pasaba nadie.

Este fabuloso jugador adoraba a su niña, como hacemos los padres con nuestros hijos, y en ese momento, cuando la muerte llegaba, abrazó a su pequeña más con el corazón y el alma que con su 1.98 metros de estatura; con una mano detuvo a su niña y con la otra, como en el área de la cancha, se enfrentó a la muerte para evitar que pasara como tradicionalmente lo hacía el 24 de los Lakers.

Fue una jugada defensiva portentosa, suponemos que los ángeles aplaudieron en primera fila.
Dios sonrió y dijo que sí, que era una gran jugada que merecía un premio.

Había muerto KOBE defendiendo a su niña.
No llores, hijo… los padres siempre daríamos la vida por nuestros hijos si así fuera el momento. KOBE lo hizo. Descansen en paz, padre e hija.

Autor: Adalberto Peralta Sánchez

Nací el 11 de mayo de 1946 en un pueblito que tiene una laguna con patos y un parque con bancas con el nombre grabado del donante. Una de esas bancas tiene el nombre de mi padre. Estudié Filosofía y ejerzo el periodismo desde hace varios años. Colaborar con mi hijo en EFFETÁ me llena de orgullo. Trataré de hacerlo bien.



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