La nueva normalidad de la muerte

ESTAMOS A TIEMPO. De nada habrá servido la muerte de miles de personas si la “nueva normalidad” implica mantener los abusos laborales por parte de los dueños del capital.

Nada detiene el frenesí de los apetitos e intereses del gran capital nacional e internacional. Se revela de manera incontenible la realidad infame y los trazos de reestructuración económica de la criminalidad velada de la “nueva normalidad”, que empuja a los trabajadores a una muerte impactante en una pandemia incontenible.

No existen medidas que den certidumbre para los trabajadores en su retorno a las tareas productivas frente a la naturalización de la muerte por covid-19, por el contrario, estamos en presencia de un virus cuyos estragos pueden diezmar a una sociedad, pero los trabajadores son empujados a presentarse a su empleo sin seguro de protección para sus familias, sin salarios compensatorios por trabajar en una realidad de emergencia.

Es precioso admitir que la “nueva normalidad” no es otra cosa que la naturalización de la muerte programada para el retorno a las tareas del trabajo, sin que el Estado y su clase política se hagan responsables de los fallecimientos que se habrán de presentar por contagio de covid-19, condición que esconde la reticencia a pagar un sobresueldo por el riesgo social frente a los apetitos sistémicos de los amos mercaderes.

Es necesario exigirle al Estado un nuevo pacto social que proteja a los trabajadores a todo nivel que garantice, por lo menos, un sobresueldo, un aumento en el reparto de utilidades, un seguro que ampare a sus familias y una nueva redistribución de la riqueza y lógica fiscal; además del aumento de prestaciones como vivienda, educación, recreo, vacaciones, apoyos de salud.

Junio es la fecha programada en diversas latitudes para el retorno a las tareas del trabajo, pero no existe programación estatal que admita el control de la pandemia.

En este sistema social asimétrico, lo ocurrido a nivel internacional debería trazar una nueva lógica de humanización, en la cual cada país asegurara:

  1. Trabajo digno y salario justoque proporcione sin distinción oportunidades de desarrollo humano.
  2. Vivienda digna para todos, que garantice sanidad, paz y equilibrio familiar; basta de casas de cartón con espacios de hacinamiento, insalubres a nivel físico y psíquico.
  3. Educaciónpara todos: gratuita, de calidad y solidaria.
  4. Cultura abierta, construida desde el valor de cada contexto social, incluyente, sin distingos de raza, etnia, religión o pensamiento ideológico.
  5. Salud pública de calidad y gratuita.
  6. Redistribución de la riquezapara una vida digna.

En fin, es tiempo de aprender de la historia; si el tejido social no exige cambiar las estructuras jurídico-políticas que han creado el abismo social en el que nos encontramos, la muerte de miles en esta pandemia habrá sido en vano, no tendrá significado y seguiremos viviendo en un orden sistémico injusto, miserable y recalcitrante.

 

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Autor: Carlos Barra Moulain

Carlos Barra Moulain es Dr. en Filosofía Política, su ciudad natal es Santiago de Chile, encuentra en el horizonte social su mejor encuentro con la historia y hace de las calles el espacio de interacción humana que le permite elevar su conciencia pensando que la conciencia nos ha sido legada por los otros.


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