A 10 años de su inauguración y a pesar de muchas opiniones –unas ciertas, otras francamente fantasiosas, algunas objetivas, la mayoría políticas y otras de carácter técnico–, el Sistema Integrado de Transporte Masivo, conocido como Tuzobús, sigue operando en Pachuca y en su zona metropolitana.
El 16 de agosto de 2015 fue inaugurado este sistema con una joya de postal: el entonces gobernador del estado, Francisco Olvera, se subió a la troncal del Tuzobús para el viaje inaugural, acompañado de varios rostros del priismo local, algunos de ellos después reciclados con notable facilidad en la nueva realidad política del país.
A partir de ahí, quienes realmente utilizan todos los días este sistema de transporte saben lo que al Tuzobús le falta: mejores unidades, menos tiempos de espera, choferes mejor pagados y, particularmente, la implementación de un programa integral de movilidad que contemple a toda la zona metropolitana de Pachuca, que desde luego no es la misma que hace una década.
Por lo pronto llegarán en mayo más unidades de transporte para este sistema, pero como ocurre con muchas otras decisiones gubernamentales, tener más unidades no necesariamente resuelve por sí mismo el reto de movilidad que enfrenta hoy Pachuca. Claro que hacen falta, pero el verdadero desafío sigue estando en las rutas alimentadoras, porque de poco sirve una troncal si en las colonias el sistema no termina de funcionar como debería. Ahí es donde el Tuzobús sigue quedando a deber.
Hace unas semanas comenzó la rehabilitación y colocación de los bolardos y boyas que delimitan el carril confinado o exclusivo del Tuzobús, desde el bulevar Felipe Ángeles hasta el corazón de la ciudad. La medida ha generado mucha molestia entre los automovilistas, que ven en ella el ingrediente que le faltaba al ya caótico tráfico de la ciudad.
A partir de esto, la lógica de movilidad metropolitana moderna naturalmente apuesta por el transporte masivo sobre el de los automóviles particulares, pero esa visión también exige estrategias de comunicación gubernamental que expliquen con claridad aquellas decisiones que afectan la vida cotidiana de las personas, como la rehabilitación e instalación de estos bolardos y boyas en zonas de la troncal que antes no las tenían.
Luego de dos cambios de gobierno estatal, el Tuzobús sigue cargando su propia paradoja. En campaña se le golpea y se le pone como ejemplo de un proyecto cuestionado; pero ya gobernando se le ha dado continuidad. Incluso en fechas recientes se habló de una posible segunda línea para mejorar la movilidad de Pachuca, y eso dice mucho más que años de grilla.





