Nuevamente hacia el monstruo social, el enemigo político acecha; el enemigo no tiene ni tu color ni tu tipología; es, en esencia, lo contrario a la imagen de lo que eres: no se confunde, está plenamente identificado.
Trump no es un amante de la alteridad sino de la uniformidad racial, parece que lo caucásico debe ser y lo demás desaparecer; encumbrarse para gobernar y depurar lo que parece ser un cáncer a extirpar, la otredad oscura.
Nuevamente Trump arremete contra los musulmanes y a seis países que albergan este credo les impone veto para ingresar a Estados Unidos, los proscribe y criminaliza al mismo tiempo, hace al otro el enemigo y lo convierte en monstruo social.
La postura no es falsa para la mentalidad de Trump y se refrenda en su arbitrariedad, atacando cualquier tipología que no pueda ser vista como blanca; se trata en lo profundo del racismo que se mimetiza en una xenofobia mítica, porque Estados Unidos ha dejado de ser un rostro blanco desde hace siglos.
La maquinaria de Estado se ha convertido en Trump, no es sólo un brazo del sistema, sino que él se asume como el sistema. Es necesario quitar las cargas de aquellos que se han convertido históricamente en rémoras, a saber, latinos, negros, indios, musulmanes; los judíos quedan fuera, quizá porque son un factor geoestratégico en oriente medio, quizá porque el poder económico en sus manos no puede serles arrebatado esta vez como en la Alemania Nazi.
¿Cómo entender a Trump?, es fácil: observa el conservadurismo sin razón de fondo; vuelve a los mitos raciales y esta vez empátalos con el fundacionismo nacionalista norteamericano; comienza por pensar la realidad desde el afecto errado de la piel y termina por entender que lo que no se defiende desde la razón se hace contra ella.
La lógica es clara: es necesario reestructurar con un mazo el orden perdido a costa de los vulnerables, porque ellos son la peste endémica que, para Trump, genera el cáncer a extirpar.
Por: Carlos Barra Moulain
Carlos Barra Moulain es Dr. en Filosofía Política, su ciudad natal es Santiago de Chile, encuentra en el horizonte social su mejor encuentro con la historia y hace de las calles el espacio de interacción humana que le permite elevar su conciencia pensando que la conciencia nos ha sido legada por los otros.







