El cuarto informe de gobierno de Julio Menchaca tendrá, como corresponde, cifras y mensajes sobre el rumbo de su administración, pero esta vez habrá otro análisis inevitable. Con la política hidalguense acelerándose antes de tiempo rumbo a 2027 y 2028, probablemente será tan interesante escuchar lo que diga el gobernador, como observar quién decidió estar ahí para escucharlo.
En política las presencias no son completamente inocentes. Quién llega, con quién, dónde se sienta, quién recibe un saludo prolongado y quién apenas aparece en la selfie grupal son detalles que después alimentan semanas de interpretaciones. Más todavía después de las joyas que nos regalaron los senadores hidalguenses, los informes legislativos y un gabinete donde algunos perfiles han generado resultados y otros polémicas.
También habrá que mirar las ausencias. No porque faltar a un informe signifique automáticamente rompimiento, pero en un ambiente político tan sensible cualquier silla vacía puede adquirir significado. Lo mismo ocurrirá con los invitados nacionales, dirigentes partidistas, legisladores, alcaldes y personajes que busquen acercarse a la foto, porque en estos tiempos de adelantamientos imprudentes, hasta la ubicación en un auditorio comunica.
Menchaca ha sido particularmente cuidadoso durante esta temporada. Mientras muchos actores comienzan a mandar señales sobre el futuro, él ha mantenido hasta ahora una postura más institucional que sucesoria. Su propio informe será un buen laboratorio y esa fotografía puede decir bastante sobre el momento que vive el poder en Hidalgo.
Por eso el informe tendrá dos narrativas. Una será la oficial, la que hablará de lo realizado durante cuatro años de gobierno y la otra comenzará incluso antes de que el gobernador tome la palabra y continuará mucho después de que termine su discurso. Al final, mientras todos escuchen lo que Menchaca tenga que informar, la política estará haciendo lo suyo.





