Murillo y Robles

Hay quienes consideran la detención de Murillo Karam como justicia tardía, otros que miran muy conveniente el momento en que el gobierno federal desmintió la “verdad histórica” sobre el caso Ayotzinapa. Lo mejor es estar atentos al escenario político de México, pues la partida de ajedrez siempre está en marcha.

Coincidencia inesperada que el mismo día en que las autoridades detienen a Jesús Murillo Karam por el caso de los 43 desaparecidos de Ayotzinapa, liberen -después de tres años de estar en prisión- a Rosario Robles, a quien se le acusa de ser parte de la llamada “Estafa maestra”, ambos hechos ocurridos durante el gobierno de Enrique Peña Nieto.

De ambos asuntos mucho se ha hablado y escrito en los últimos años, y de acuerdo a los antecedentes de cada uno, y sobre todo sabiendo de las políticas acostumbradas del actual gobierno, nadie podría negar el fondo político que tienen.

Del caso de Rosario Robles, se ha dicho que su larga estadía en el penal fue consecuencia de no haber aceptado incriminar a otros personajes de la política (sobre todo ligados con el PRI); “culpa a peces gordos y pronto sales de prisión”, le ofrecían y nunca aceptó.

Y en la detención del exprocurador de la República y también exgobernador de nuestro estado, todo indica que resultó el personaje más viable de capturar por lo que representa, para que la administración federal justifique que “ellos no son iguales a los otros”, y no por los lamentables hechos ocurridos desde septiembre de 2014. Y es que, a diferencia de muchos más involucrados de manera directa en la desaparición y muerte de los estudiantes guerrerenses, el peso de Murillo no lo tienen los demás.

A Robles le dictaron el auto de vinculación a proceso acusada del ejercicio indebido del servicio público y no le brindaron la posibilidad de que siguiera su juicio en libertad condicional, pues declaró un domicilio diferente al suyo para la expedición de su licencia de manejo. ¡Mire nomás! Y luego viene la historia que, como secretaria de la Sedatu, trianguló recursos e involucró a instituciones educativas con la supuesta realización de obras y acciones, mismas que las escuelas no tenían ni facultad ni capacidad para atender.

En realidad, parece que el enojo mayor de AMLO (a pesar de que él asegura que no es rencoroso) con Rosario viene desde que ella cambió de bandera. Recordemos su larga y exitosa militancia en el PRD, partido del cual fue incluso fundadora y en su momento dirigente nacional; se convirtió en secretaria de gobierno en el DF y escaló a jefa de Gobierno cuando Cuauhtémoc Cárdenas dejó el cargo para buscar la Presidencia de la República; posteriormente le cedió la responsabilidad a López Obrador, para a través del tiempo emigrar y llegar a secretaria de Estado con el gobierno federal priista de Enrique Peña Nieto.

Pero hoy Rosario Robles está en libertad, condicionada todavía a ir a firmar al juzgado cada 15 días y a no salir del país, cuando menos de aquí a que termina su proceso. No faltará quien diga que es mucho, pero nada es igual al hecho de estar ya en libertad, aunque deba de cumplir con esos dos pendientes, que son nada comparados con estar tras las rejas.

Por cierto, que, a su paso por Santa Martha, Robles logró que los juzgadores voltearan la mirada y analizaran con prontitud y eficiencia varios casos de mujeres que en no en pocas veces son inocentes, pero que llevan años esperando seguir su juicio o cumplir ya su sentencia.

Don Chucho Murillo, como se le conoce en los metideros políticos, tiene tras de sí una muy larga carrera política, ligada desde siempre al PRI. Además de gobernador, fue senador, segundo de a bordo en la dirigencia nacional del tricolor; fungió también como delegado del CEN del PRI en el Estado de México cuando Peña fue gobernador y de ahí la cercanía que le permitió convertirse en diputado federal y en su momento responsable de colocarle la banda presidencial en su toma de protesta, y después separarse del cargo para asumir como titular de la entonces PGR.

Se sabe que, en los últimos años, Murillo ha tenido problemas de salud. Incluso en el momento de su detención, a las puertas de su domicilio en la Ciudad de México, se puede ver que le acompaña el doctor Alberto Jonguitud, su amigo personal y que fue secretario del ramo también en el gobierno de Hidalgo. Hoy, don Chucho está detenido acusado de desaparición forzada, tortura y contra la administración de la justicia en el caso Ayotzinapa.

No sobra decir que un día antes de ser aprehendido, cuando el subsecretario Alejandro Encinas informó de las conclusiones a las que llegó el gobierno a través de la Comisión para la Verdad y Acceso a la Justicia del Caso Ayotzinapa, pudimos darnos cuenta que la historia no es en mucho diferente a lo que en su momento informó Murillo. Desde el principio se le reconoció como un “crimen de Estado”. El subsecretario habló de estar en curso 83 órdenes de aprehensión, entre ellas sin duda la del propio JMK.

Vale la pena rescatar algunos detalles de ambas versiones: Murillo aseguró que el Ejército no estaba involucrado de ninguna forma en los hechos ocurridos en el estado de Guerrero; en cambio, Encinas de manera muy precisa informó que dentro del grupo de estudiantes desaparecidos -y todo parece indicar que muertos- había un militar infiltrado desde tiempo atrás, quien informaba de manera muy puntual a la Sedena sobre las actividades de los normalistas. La contradicción es evidente.

Partidos políticos, personajes diversos y no afines a Morena, a AMLO, al gobierno federal, han descalificado la detención de Murillo. Juristas reconocidos ven muy endebles y muy difíciles de probar en un juicio penal los señalamientos contra el priista.

El Revolucionario Institucional, por su parte, señaló que la detención del hidalguense obedece a un tema político y no de justicia. Y por los antecedentes del tema, no le falta razón al partido tricolor. Ya veremos. Hay a quienes nos parece otra cortina de humo como las que acostumbra el actual gobierno.

Por hoy es todo, nos leemos en la próxima entrega, pero… Entre nos.

Autor: José Guadalupe Rodríguez Cruz

*Egresado de la UNAM como licenciado en Derecho y Diplomado por el Instituto de Administración Pública de Querétaro y por la Universidad Iberoamericana en Políticas Públicas. *Regidor Municipal en Tula, Secretario Municipal de Tula, Diputado local en la LVII y LIX Legislaturas en el estado de Hidalgo y Presidente Municipal Constitucional de Tula 2000-2003. *Autor del libro “Desde el Congreso Hidalguense” y coautor del libro “Tula... su Historia” *Director y fundador del periódico bisemanario “Nueva Imagen de Hidalgo”, que desde 1988 se pública en Tula, Hgo.


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