Para los que pierden, para los que ganan

En política nada es para siempre, y tanto los ganadores deben conservar la humildad, como los perdedores asumir su responsabilidad de qué hicieron bien y qué pueden mejorar.

Con el cómputo de votos, en algunos casos y en otros con las actas del día 18 de octubre, se puede decir que ya tenemos -con algunos municipios todavía en pelea- a los nuevos presidentes municipales en Hidalgo, lo cual por lógica se traduce en ganadores y perdedores; de ambos lados de la balanza se han dado reacciones muy distintas, pues el que gana no tiene la misma actitud que el que pierde, y es entendible.

Pero así es este asunto de las elecciones, donde la voluntad ciudadana se manifiesta con votos y debe ser respetada. No hay de otra porque no se pueden tener dos o tres alcaldes para darle gusto a los participantes.

Por eso, con el deseo de tener buenos ganadores y buenos perdedores, parece que unos y otros deben tener convicciones, actitudes y compromisos que la experiencia señalan.

 

PARA LOS GANADORES

¿Cómo esperamos que sean los ganadores?

Sobre cómo gobernar y ejercer el poder, hace 415 años el Quijote dictó caminos que siguen vigentes: que sean humildes y entiendan que el poder, si bien es un honor, es ante todo responsabilidad, lo cual se plasmó en la frase que dijo el caballero de la triste figura a Sancho cuando partía a gobernar su isla: “Primeramente has de temer a Dios, porque en temerle está la sabiduría y siendo sabio no podrás errar en nada”.

Así pues, quien haya ganado la contienda y se disponga a ejercer el poder, no deberá ser soberbio pensando que es tan grande que una alcaldía le queda chica, porque de ser así, estará en la puerta del desastre.

También el vencedor, y siempre de acuerdo al Quijote, debe saber quién es, en su justo tamaño, para frenar las actitudes de grandeza, pues de ese conocimiento propio se tendrá una lista de lo bueno y malo para anclar con fuerza los pies en la tierra y frenar los sueños de globo que se rompen con la realidad.

Que sean sensibles con la gente y justos con todos. Para gobernar se debe estar cerca de los problemas de la gente, escuchándola y dándole respuestas con decisiones de justicia, que le den a cada quien lo que le corresponde, como dice el Quijote: “Que hallen en ti más compasión las lágrimas del pobre, pero no más justicia que las informaciones de los ricos y busca la verdad entre los dos”.

Y aunque lo que sigue no lo dijo el Quijote, es algo que pasa con los vencedores y que se resume en el refrán: “Al nopal sólo se le arriman cuando tiene tunas”, que todos entendemos como la corte de lambiscones, aduladores y convenencieros que no sueltan al ganador porque representa beneficios, generalmente en dinero, para lo cual lo endiosan y le celebran todo, porque resulta que es hasta gracioso y sus palabras, oro molido. Cuando todo termine y ya no tenga poder, dejará de tener tunas y se quedará sólo.

El poder debe marear y alejar de la realidad al vencedor de una contienda, pero el poder es transitorio y, como la vida misma, una oportunidad para hacer el bien a los demás. El poder no es eterno, se acaba, y cuando menos se piensa, se terminó.

 

PARA LOS PERDEDORES

Desde luego, es más fácil ser un buen ganador que un buen perdedor, porque se necesita generosidad y grandeza para aceptar la derrota.

Para empezar, si no tienes razón y eso lo sabes tú, no culpes a otros de tu derrota y mejor analiza las causas de la misma para corregirlas.

En política no se pierde para siempre y habrá otra oportunidad, y en ese caso, prepárate para la que viene, porque en esta actividad tanto la victoria como la derrota no son para siempre, como lo demuestra nuestra realidad política.

Se aprende más de las derrotas que de las victorias, porque te obligan a reflexionar sobre los caminos para ser el vencedor y a despojarte de las cargas que sólo estorban.

Sé generoso y honesto: si perdiste, mide la derrota desde tu responsabilidad y no te escudes culpando a la lluvia o al viento. Habrá, con toda seguridad, una nueva oportunidad.

Suerte a los dos, a ganadores y perdedores.

Autor: Adalberto Peralta Sánchez

Nací el 11 de mayo de 1946 en un pueblito que tiene una laguna con patos y un parque con bancas con el nombre grabado del donante. Una de esas bancas tiene el nombre de mi padre. Estudié Filosofía y ejerzo el periodismo desde hace varios años. Colaborar con mi hijo en EFFETÁ me llena de orgullo. Trataré de hacerlo bien.


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