Pese a Trump, el libre comercio sobrevive

Canadá y México se han plegado a los deseos de Trump, ayudando a que cumpla sus promesas de campaña y se dirija a un nuevo mandato.

Aunque el gobierno de China ha dicho que no le interesa seguir las conversaciones sobre el acuerdo comercial con Estados Unidos por falta de seriedad del presidente y sus funcionarios, Donald Trump podría tener el tiempo para avanzar en la distención de la guerra comercial con los chinos, luego de anunciar el aplazamiento de los aumentos de impuestos a los vehículos importados, una medida que sumó al bando chino a los europeos, quienes aún están alistando su “armamento” para responder si es necesario.

El viernes, Donald Trump anunció la eliminación de las tarifas del acero y el aluminio para México y Canadá, sus socios dentro del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) y dentro de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), con lo cual les ha dado un respiro a todos.

Si bien fue uno de los puntos que se negociaron como parte del TLCAN para ponerle fin y sustituirlo por un simple acuerdo comercial con aranceles, siempre estuvo el peligro latente de que al presidente se le ocurriera imponer impuestos al acero y aluminio importado de sus socios comerciales.

La decisión adoptada en junio implica un impuesto del 25% sobre las importaciones de acero y del 10% sobre las de aluminio, lo que provocó represalias por parte de Canadá y México, haciendo que los canadienses impusieran alrededor de 17 mil millones de dólares en impuestos a productos estadounidenses y en nuestro país se gravaran muchos productos importados de Estados Unidos.

Los impuestos al acero y al aluminio fueron uno de los principales obstáculos en las negociaciones comerciales para eliminar el TLCAN y sustituirlo por uno nuevo. Se trata de un acuerdo comercial con aranceles y cuotas firmado el 30 de noviembre que, de ser ratificado por los congresos de los tres países, pondrá fin al libre comercio vigente, poniendo fin al sueño de crear un espacio económico común en América del Norte donde mercancías, servicios y capitales pudieran circular libremente.

Mientras el acuerdo comercial que sustituirá al TLCAN no sea aprobado por las dos cámaras en Estados Unidos, así como por los legisladores canadienses y mexicanos, aún cabrá la esperanza de deshacer ese enredo que ha creado Trump quien, por lo pronto, insta a los demócratas a aprobar un acuerdo comercial y enterrar el TLCAN, y con ello poner fin a múltiples negocios que se han creado en los tres países.

El nuevo acuerdo comercial entre Estados Unidos, México y Canadá les da a los estadounidenses la potestad de imponer nuevos aranceles a Canadá y México, si es que no cumplen con sus indicaciones para evitar la importación de acero y aluminio, si no respetan el compromiso de intensificar el origen de donde provienen, a fin de evitar que algunos países introduzcan ilegalmente esos metales para evitar las tarifas arancelarias que Estados Unidos les ha impuesto.

En definitiva, Canadá y México, en aras de conservar los flujos del comercio actuales, con aranceles y cuotas, se han plegado a los deseos de Trump, ayudando a que cumpla sus promesas de campaña y se dirija a un nuevo mandato. Lo realmente extraordinario sería que los demócratas no ratifiquen el acuerdo comercial que sustituirá al TLCAN y que pierda las elecciones, que lleguen los demócratas a la presidencia y controlen el Congreso, tirando a la basura un acuerdo comercial que no beneficia a las empresas mexicanas y preservando el TLCAN.

Autor: José Luis Ortiz Santillán

Economista, amante de la música, la poesía y los animales. Realizó estudios de economía en la Universidad Católica de Lovaina, la Universidad Libre de Bruselas y la Universidad de Oriente de Santiago de Cuba. Se ha especializado en temas de planificación, economía internacional e integración. Desde sus estudios de licenciatura ha estado ligado a la docencia como alumno ayudante, catedrático e investigador. Participó en la revolución popular sandinista en Nicaragua, donde trabajó en el ministerio de comunicaciones y de planificación. A su regreso a México en 1995, fue asesor del Secretario de Finanzas del gobernador de Hidalgo, Jesús Murillo Karam, y en 1998, fundador del Centro de Estudios de las Finanzas Públicas de la Cámara de Diputados del Congreso de la Unión.



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