¿Quién le quitó el queso al ratón?

No pasarán menos de diez años para que el mundo esté cerca de la recuperación económica tras la pandemia, pues los efectos en todo el mundo han sido devastadores.

Me he preguntado cuántas veces la incomodidad del ser se vuelve inteligencia, pero considero que esto es tan tortuoso como entender quién le ha quitado el queso al ratón.

La reestructuración económica a nivel empresarial frente a los dilemas de la pandemia no habrá de permitir una recuperación en cerca de una década para la mayor parte de las economías en América Latina, creando un vacío de PIB que hasta ahora las proyecciones de los mercados internacionales parecen advertir, lo cual ha generado el incremento de tasas de interés en diversos ámbitos de la producción y consumo de bienes en el planeta.

Hemos visto un crecimiento exponencial en los precios del mercado automotriz, al igual que de bienes raíces, condiciones poco escudriñadas e interrogadas por la ciudadanía, que ha postergado los déficits del consumo en torno a asumir “abnegadamente” los costos de la pandemia sin exigir del Estado la reestructuración adecuada del proyecto de nación, cuestión que hemos percibido con claridad en Estados Unidos con las políticas económicas anacrónicas de Biden, que inciden en la tibieza de los mercados internacionales.

No podemos pensar que el lento flujo de mercancías y, lo que es peor, la depresión del consumo, habrán de corregirse en un periodo perentorio a 2023, esto no es posible y, pese a que nos encontramos en el fin de la pandemia, sus resabios no son solo en términos de salud, sino en las coyunturas políticas y económicas que se desataron como Caja de Pandora y que hoy nos tienen sin una programación económica internacional viable.

La encarnizada estructura empresarial a nivel internacional no establece mayores compromisos sociales para activar las lógicas de producción y consumo; no basta con asumir que el peso de todo lo deben llevar los países emergentes y sus economías de “monoproducción de productos naturales”, mientras que los países desarrollados nos proveen las plataformas del consumo tecnológico, como ha sucedido históricamente, sin que hayan aprendido que los estragos de ello no les permiten la pluscapitalización que desean.

No podemos proyectar hacia 2023 la recuperación de la economía mundial y mucho menos de la estabilidad social a la que aspiramos, no hay pruebas de ello y lo próximo que veremos son las otras “Ucranias” de las carnicerías bélicas de las superpotencias.

 

Consultoría política: [email protected]

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Por: Carlos Barra Moulain

Carlos Barra Moulain es Dr. en Filosofía Política, su ciudad natal es Santiago de Chile, encuentra en el horizonte social su mejor encuentro con la historia y hace de las calles el espacio de interacción humana que le permite elevar su conciencia pensando que la conciencia nos ha sido legada por los otros.


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