Said y la sucesión sin sobresaltos

Naturalmente, sería ingenuo pensar que una sucesión de esta magnitud estará libre de política. Después de junio de 2027 aparecerán aspirantes, grupos, simpatías y probablemente intentos externos por influir en una estructura particularmente atractiva para cualquier fuerza electoral.

La sucesión en la Sección 15 del SNTE tendrá que esperar. Aunque el periodo estatutario de Said Vargas concluyó en julio, la renovación de la dirigencia se realizará hasta después de las elecciones de 2027, una decisión que correspondió al ámbito nacional del sindicato y que busca evitar que la disputa interna termine mezclándose con las campañas constitucionales. No parece una precaución menor tratándose de una organización con el peso territorial, político y electoral que conserva el magisterio hidalguense.

 

Pero, quizá, la declaración más interesante de Vargas no fue sobre cuándo vendrá la elección, sino sobre lo que piensa hacer cuando llegue: no buscará reelegirse. En una política donde abandonar voluntariamente una posición sigue siendo una rareza, decir que un ciclo termina y que existen otras personas con posibilidades de encabezar al sindicato manda un mensaje de madurez que inevitablemente será puesto a prueba cuando aparezca la convocatoria y comiencen a acomodarse los grupos.

 

Mientras tanto, tampoco habrá vacío de poder. Said seguirá al frente y ha anunciado una gira por las distintas regiones para reunirse con las bases. Ahí estará también parte del cierre de su gestión, porque los cánones magisteriales han demostrado que una dirigencia sindical no se mide solamente por la negociación en oficinas, sino por la relación que conserva con la base trabajadora. Su administración ha presumido avances en regularización laboral, nombramientos definitivos y distintos asuntos administrativos que durante años generaron inconformidad entre trabajadores de la educación.

 

Naturalmente, sería ingenuo pensar que una sucesión de esta magnitud estará libre de política. Después de junio de 2027 aparecerán aspirantes, grupos, simpatías y probablemente intentos externos por influir en una estructura particularmente atractiva para cualquier fuerza electoral. Precisamente por eso, resulta interesante separar los tiempos: primero las elecciones constitucionales de 2027 y después la disputa sindical, antes de la gubernatura de 2028. Quien resulte electo tendrá además el reto de demostrar que encabeza a la Sección 15 y no solamente a la corriente que lo llevó hasta ahí.

 

Para Said Vargas comienza quizá la parte políticamente más delicada de cualquier liderazgo, que es primero saber cerrar y, al mismo tiempo, definir su futuro político que muy probablemente no terminará en las oficinas del bulevar Ramón G. Bonfil, quizá, más bien, ahí ha comenzado. Llegar al poder requiere construir respaldos, pero dejar sin fracturar aquello que se encabezó exige otra clase de oficio que el líder sindical ha demostrado que tiene.