Todos los niños salieron corriendo del sótano de la casa, el pandemónium por la explosión generó las condiciones para que algunos se pudiesen liberar y ayudar al resto a escapar de sus ataduras y encierros. Todos pasaron corriendo a un lado del boquete por el que había caído al contenedor pero ninguno me vio y no me importó, lo único que en ese momento me importaba era su eufórica huida por la libertad. Me encontraba entre los restos cadavéricos mientras miraba sonriendo el cielo iluminado por el fuego.
—¡Serner! —me llamaban a gritos diferentes voces, pero no contesté de inmediato, quería serenarme y únicamente suspiré hondo quedando cabizbajo por el intenso cansancio; hasta que reconocí la voz de Samantha y, como resorte existencial, respondí gritando mi localización con todas mis fuerzas. Por el boquete se asomaron varias niñas, quienes quedaron calladas al verme rodeado de sus compañeros muertos.
—No hay hechos (morales) sólo interpretaciones —me dice Nietzsche.
—¿Y entonces qué es aquello objeto de la interpretación?
—El mundo.
—¿La cosa en sí?
—¡Eso no existe!
—¿La física?
—La phyisis.
—¿Y la metafísica?
—Eso sólo existe en tu cabeza.
No obstante, hay una piedra de toque que de algún modo compartimos para poder reconocer las semejanzas y diferencias entre interpretaciones. ¿O sólo interpretamos interpretaciones?
—Es lo que estoy diciendo.
—Pero son dos significados diferentes de la palabra ‘interpretación’.
—Análisis del lenguaje —dice sarcásticamente—… “La lógica al alcance de todos”.
—Una interpretación es un hecho, así como el hecho es interpretación en el sentido en que ya está interpretado en un sistema de significados en el que estamos familiarizados como agentes del lenguaje, en cualquier tipo de lenguaje, i.e., más allá del lenguaje puramente lingüístico.
—Es más fácil romperse una pierna que romper una palabra —concluye Friedrich citando su Aurora.
—Pero sí hay hechos —termino por aclararle—, aunque efectivamente no hay hechos “puros” (la cosa en sí) porque todo hecho es hecho-interpretado, constituido lingüísticamente. La carga teórica de toda observación empírica.
No obstante, cada niño contará su propia explosión, su punto de vista del hecho, la perspectiva del fenómeno. Olvidándonos del supuesto noúmeno, el hecho es el mismo: la explosión del sistema refrigerante. Nuestra situación (física y metafísica) en el mundo, en el tiempo, caracteriza una descripción diferente aunque de lo mismo. El conjunto de los relatos componen una misma historia, la piedra permanente de toque, aún cuando haya relatos que se nieguen unos a otros o se contradigan. La historia se compone, se despliega y explica su configuración desde muchos ángulos de la existencia.
— Voy por ayuda para sacarte —me dice y se retira. A la distancia se escuchan las sirenas de las patrullas.
Sin embargo, minutos después se escuchó un alboroto, los niños reclamando y los policías persiguiéndoles y gritando amenazas de arresto. ¡Ellos son las víctimas de todo el siniestro! La impotencia me mataba con sólo escuchar los enfrentamientos. Se suponía que vendrían a rescatarnos y los estaban aprehendiendo. Intentaba salir pero no alcanzaba, quería llegar a unas salidas de piedra (que podía utilizar como escalera) pero la fuerza de un brazo no me fue suficiente y caí lastimándome el otro fracturado. Quedé, momentáneamente, inmovilizado.
En el cielo muchas aves sobrevolaban, daban círculos en torno al fuego y su número aumentaba. Algunas, hipnotizadas, eran alcanzadas por las llamas.
Continúa 61
Por: Serner Mexica
Filósofo por la UAM, estudió la Maestría en la UNAM y el Doctorado en la Universidad de La Habana. Fue Becario de Investigación en El Colegio de México y de Guionismo en IMCINE. En 2007 obtuvo el Premio Nacional de Dramaturgia EMILIO CARBALLIDO por su obra "Apóstol de la democracia" y en el 2011 el Premio Internacional LATIN HERITAGE FOUNDATION por su tesis doctoral "Terapia wittgensteiniana".



