Sexo anal: una experiencia digna de vivir

¡Hola de nuevo, amigos! Espero que su semana haya estado menos pesada que la panza de una perra preñada de 8 cachorritos, o que en todo caso los tragos que se acomodaron el fin de semana no hayan dejado tantos estragos en su cuerpo como en su cuenta bancaria.

Gracias por todos sus comentarios, consejos, recomendaciones e incluso aquellas invitaciones a hacer tríos, que debo confesar que las tomo como halagos, pero que si me dan cuatro cervezas y un mezcal podría comenzar a considerarlas (soy de garganta fácil, como mariachi enamorado).

Uno de los temas más solicitados es uno que hasta el día de hoy sigue siendo tabú, un tópico difícil de comentar en la mesa familiar, pero sobre todo una fantasía para muchas personas que deciden irse a la tumba antes que soltarse el chongo y disfrutar lo que Diosito nos dio: el sexo anal.

Si bien desde el simple nombre ya varios lectores se habrán salido de esta página, el tema no es mucho más complejo que otros tantos; son más las ideas preconcebidas que tenemos al respecto y las culpas que nos han inculcado desde chicos, que nos llenan la cabeza de conceptos que ni siquiera deberían de estar ahí.

Partiendo del precepto que la zona del ano es una de las que tiene más terminaciones nerviosas en el cuerpo humano, no queda duda que el placer que se puede generar es digno de explorar.

Me gustaría tocar el tema desde tres frases que resumen todas las ideas y tabúes que se tienen al respecto:

NO ES PECADO

Como buenos mexicanos y dignos seguidores de la morenita del Tepeyac, hemos crecido con el concepto de que el placer es malo y debe generarnos culpa. Incluso llegamos a escuchar frases de abuelos, tíos o papás que recitaban que tocarnos era infernal, que nos podrían salir pelos en las manos, que a Diosito no le gusta que lo hagamos (pero a algunos padrecitos les encanta) y sobre todo, que es pecado.

Me gustaría decirles que no es así. En realidad dudo que se hable de sexo anal en los pecados que todos conocemos (aunque viéndolo desde ese punto se podría aplicar en todos y cada uno, como por ejemplo: no mentirás sobre haberlo hecho por atrás, amarás a tu prójimo por atrás, etcétera); aunque si de eso se trata, ¿por qué Diosito nos daría una zona con tanta interacción y sensaciones posibles si solamente fuera para un fin excretor?

ES DIVERTIDO

Tomando en cuenta que la palabra “divertido” es totalmente subjetiva, definamos la experiencia como educativa, didáctica y culturalmente enriquecedora. No existe mejor forma de amarnos que conocernos al cien por ciento, ¿y cómo podríamos hacerlo sin saber qué siente cada parte de nuestro cuerpo? Si bien se deben seguir algunas recomendaciones mandatorias, como la limpieza, el uso de preservativo, la aplicación de lubricante (pues no es una zona que lubrique por sí sola), la estimulación previa y la relajación completa, no significa que sea complicado o aburrido.

NO ES SOLAMENTE PARA LA COMUNIDAD GAY

Mucha gente que conozco asume que esta práctica es única para la comunidad gay, pero déjenme decirles que no solamente están en un grave error, sino que han privado a sus parejas (hombre, mujer, bestia, quimera, pescado o robot) de una experiencia realmente placentera. He escuchado el testimonio de varias mujeres que disfrutan ampliamente de esta práctica y que no sólo la recomiendan, sino que también, así como ustedes, queridos lectores, comenzaron por tener curiosidad, probaron un poco y por último se dejaron llevar por el demonio de los placeres. 

¿Sabían que uno de los puntos más placenteros del hombre está precisamente en la zona anal? Estoy seguro que muchos amigos míos y otros tantos conocidos hombres jamás estarían dispuestos a siquiera rozar esta parte con algo más que no sea papel higiénico, pero los invito a que se quiten la idea de que esta práctica los hará “menos hombres”, “débiles” o incluso que haga que les gusten otros hombres. Si la vida me ha enseñado algo es que los gustos no cambian y que tener experiencias nuevas no nos quitan, sino que suman bastante a nuestra vida. 

Hagamos de esta única vida que tenemos algo digno de recordar y no nos quedemos con ganas de nada. No existe mayor arrepentimiento que aquello que quisimos hacer y nunca probamos. Así que, amigas: dejen su lado penoso de lado, y amigos: encierren al Vicente Fernández que tienen dentro y permitan al Alejandro Fernández salir a jugar un rato a la superficie. 

Nos seguimos leyendo cada domingo y esperen la siguiente entrega con la misma emoción que esperábamos un capítulo más de Luis Miguel.

¡Saludos de su amigo provinciano!

Por: Iván Peralta Ramos

Arquitecto / Digital Piscis. Nacido en 1986, en el bello principado de Tehuacán, Puebla. Siempre ha sido partidario de escribir todo lo que piensa. Fanático del Tenis, de Novak Djokovic y de las películas de Tarantino; cree fervientemente en el amor y en la media naranja. Postrero de corazón, son los chongos zamoranos su primera elección. Viviendo en la CDMX desde 2009, ha aprendido a vivir a la mala en la jungla de concreto. Fiestero pero hogareño, extrovertido pero callado, tragón pero con poco dinero, observador pero con astigmatismo y un montón de oximorones más. Fan de clóset de la salsa y las cumbias. Un buen conversador, con aptitudes para escuchar y dar buenos consejos, pero el total erróneo para seguirlos.






SEXO ORAL Y ESCRITO - Iván Peralta Ramos

Arquitecto / Digital Piscis. Nacido en 1986, en el bello principado de Tehuacán, Puebla. Siempre ha sido partidario de escribir todo lo que piensa. Fanático del Tenis, de Novak Djokovic y de las películas de Tarantino; cree fervientemente en el amor y en la media naranja. Postrero de corazón, son los chongos zamoranos su primera elección. Viviendo en la CDMX desde 2009, ha aprendido a vivir a la mala en la jungla de concreto. Fiestero pero hogareño, extrovertido pero callado, tragón pero con poco dinero, observador pero con astigmatismo y un montón de oximorones más. Fan de clóset de la salsa y las cumbias. Un buen conversador, con aptitudes para escuchar y dar buenos consejos, pero el total erróneo para seguirlos.