Sociedad enclaustrada

ENEMIGO SILENCIOSO. En medio del aislamiento por la pandemia del Covid-19, la sociedad corre el riesgo de ser seducida por la violencia, primero en el hogar y después en las calles.

Una prescripción desde la filosofía política centrada en una sociedad enclaustrada indica un vacío de respuesta frente a un monstruo de adentro que amenaza con la muerte al tejido social, que ante la indefensión del Estado en la “cosa común” ha creado la isla del destierro social.

Los estragos psicosociales del encierro se reflejan en la descomposición de las estructuras familiares y su incremento se avecina ante la prolongación de la pandemia; los niveles de equilibrio físico y emocional de los sectores urbanos presagian una tormenta insular, es decir, donde las casas y hogares comienzan a disciplinar a una sociedad castigada por ese monstruo de adentro COVID-19, que asemeja a una fórmula química que fractura la comprensión social, pero en su efecto de muerte precipita el pánico.

El extravío social no es ni uniforme ni simultáneo, ni en el planeta ni en el país, pero el aislacionismo social, antítesis de las relaciones humanas, se presenta feroz y despiadado, cuestión que ha hecho que la respuesta de muchos sectores sea ignorar la pandemia y entregarse al frenesí del contacto sin precaución.

Por ser un virus este monstruo que ataca a la población, la paranoia es mayor, no existe concreción o rostro del enemigo; esto proporciona un vacío mental e incomprensión que produce un efecto fantasma, y es en definitiva un espectro que la religión y la ciencia no pueden detener.

Como la prescripción de los organismos de salud, desde la OMS hasta los de cada país, no se traza desde una vacuna o una cura, el aislamiento no es entendido como una solución, por lo que trasgredir las disposiciones legales o no hacerlo es una línea que se cruza habitualmente, lo mismo con el argumento de abastecerse de alimentos que por hastío.

La muerte es el disuasivo de la conducta social, la muerte todo lo cambia, pero no sabemos cómo enfrentarla para su derrota, por lo que sin posibilidades de vencerla como tejido social, da lo mismo quedarse en casa que salir.

He advertido que, ante el sufrimiento y la penuria del sustento cotidiano de los sectores pobres y desposeídos, la violencia se incrementará para acceder al abasto, pero también ya lo hacen los oportunistas del robo y el asalto que se encuentran identificando casas, automóviles y personas vulnerables.

A una sociedad disciplinada por la amenaza de un monstruo de adentro y sin respuesta contundente de apoyo del Estado sólo le queda el camino de la violencia y el enfrentamiento como proceso lógico de supervivencia.

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Autor: Carlos Barra Moulain

Carlos Barra Moulain es Dr. en Filosofía Política, su ciudad natal es Santiago de Chile, encuentra en el horizonte social su mejor encuentro con la historia y hace de las calles el espacio de interacción humana que le permite elevar su conciencia pensando que la conciencia nos ha sido legada por los otros.



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