Somos migrantes, somos personas

La migración fue hermosa en algún momento de la historia, pero dicen los que saben, que todo lo bueno del mundo ha quedado atrás…

“Disculpen un apoyo con una moneda o un trabajo. Dios me los bendiga”, dice el letrero que un migrante sostiene en una de las avenidas más concurridas de la ciudad. Junto a él, una niña que parece ser su hija. Con la otra mano, el hombre sostiene una identificación que prueba que es una persona como nosotros, que tiene un documento, que es alguien. Y lo es. Pero es que en este México herido la confianza se nos está terminando y la realidad nos pone frente a estas imágenes que se replican a lo largo de toda la ciudad y, seguramente, del país.

 

Al servicio de Trump

Desde la primera caravana migrante, el discurso presidencial respecto de la situación era una declaración de apoyo y solidaridad para con los migrantes. Después, cuando el problema tomó nuevas dimensiones, el gobierno de Estados Unidos amenazó a México con el aumento de aranceles. Marcelo Ebrard, secretario de Relaciones Exteriores, viajó al país vecino para lograr un acuerdo. De pronto, el número de detenciones a migrantes en el país creció de forma considerable: logramos amigarnos con Trump y estar del lado del que siempre gana.

Desde hace unos días, las empresas de transporte interestatal piden la identificación a los pasajeros para probar que no somos migrantes, que somos ciudadanos mexicanos con derecho a transitar libremente por nuestro país (como si eso se pudiera dadas las condiciones de inseguridad y corrupción que inundan a México).

 

Personas, no conceptos

Cuando decimos la palabra “migrantes” hablamos como si fuera un concepto y dejamos de lado que se trata de personas con una historia, con afectos, con necesidades. La política a nivel macro también nos ha afectado a nosotros, pero estamos aquí, en nuestra tierra, con nuestros cariños y necesidades, con una historia menos dolorosa que la que tienen las miles de personas que han decidido atravesar este país que les ha mostrado su cara más monstruosa y los ha vuelto la pieza más importante en un juego de política internacional de conveniencias y amistades.

La migración fue hermosa en algún momento de la historia, pero dicen los que saben, que todo lo bueno del mundo ha quedado atrás…



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