El pretendido zafarrancho político impulsado en las marchas de la Generación Z se ha hecho extensivo con los grupos de choque político en Hidalgo, que han ido creciendo en intensidad de beligerancia, en la medida que sus expresiones partidistas principales del PRIAN han sido rebasados por la conducción política de Morena y el proceso nacional de afiliación a la base militante guinda, que en tierras hidalguenses resultó todo un éxito para el partido que encabeza Marco Rico.
Este escenario de violencia política que, a todas luces, pretende ser escalada por las fuerzas de la derecha, disfrazándola a través de contingentes de choque que se hacen pasar por sociedad civil es el reflejo de una creciente impotencia y desesperación de las élites económicas del país.
Es en este trazo de beligerancia política, donde el análisis debe atender a los signos de las condiciones extremas donde las fuerzas del antiguo régimen pretenden imponer la violencia como germen de desconcierto y erosión social, debido a que la ciudadanía es ampliamente susceptible a su impacto emocional.
En Hidalgo, hemos tenido el ascenso de diversos grupos de choque político que se encuentran tratando de presionar al gobierno de Julio Menchaca para imponer la incertidumbre como instrumento de rechazo político a Morena. El escenario se ha convulsionado, debido a que el Partido Morena Hidalgo obtuvo en su proceso de afiliación más de 270 mil adherentes a su base militante, condición que aceleró la respuesta de golpeteo de la derecha y del radicalismo de Izquierda Unida.
Las fuerzas tras bambalinas de la derecha que están integradas por PRIAN+PT/GU y Movimiento Ciudadano han utilizado al grupo de choque Marea Rosa para intentar hacer pasar la beligerancia política como un reflejo de descontento de la sociedad civil con el gobierno de Claudia Sheinbaum y de Julio Menchaca.
En los hechos ocurridos en la marcha de la Generación Z, en la Ciudad de México, quedaron signos inequívocos de que se pretendió capitalizar el asesinato del alcalde de Uruapan, Michoacán, Carlos Manzo, cuyo poder orgánico se manifestó de manera pacífica. Sin embargo, en la marcha GZ aparecieron grupos de choque político encapuchados que no pertenecían al Movimiento del Sombrero y que tenían la consigna de golpeo a toda costa contra las fuerzas de seguridad pública.
En Hidalgo, el encono de la derecha hizo que Marea Rosa y los apéndices políticos del PRIAN+PT/GU y MC arengaran el proceso de revocación de mandato, tratando de incentivar un brote de rechazo al gobierno de Menchaca Salazar, condición que no ocurrió.
La estrategia política de los grupos de choque de la derecha, hasta ahora, ha sido contenida no sólo por la firmeza y control político de los gobiernos morenistas en el país, sino, también, debido a que la base de sustentación política y ciudadana adherente y simpatizante de Morena ha crecido a pasos agigantados, producto del impacto social de las reformas y programas sociales del Bienestar que, en términos reales, es la base de sustentación de la legitimidad y credibilidad de sus gobiernos.
Estamos en presencia de los signos de la impotencia política de la derecha que, en Hidalgo, se encuentra, prácticamente, desmantelada a nivel de sus expresiones políticas del PRIAN, a tal grado, que no se han atrevido -a diferencia de Morena con Marco Rico- a publicar cifras de los procesos de afiliación que llevaron a cabo, donde los raquíticos resultados crearon un cisma en sus estructuras dirigentes y aplazaron cualquier alegoría de Marco Mendoza y Marcela Isidro.
En una línea de correlación de fuerzas a la inversa a estos grupos de choque político de la derecha, el gobierno de Julio Menchaca ha profundizado los trabajos de ayuda a los damnificados del huracán Priscilla en conjunto con el gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum, al tiempo que los objetivos del Plan Estatal de Desarrollo y las macro obras condensan la explicación del crecimiento de la aprobación gubernamental de Menchaca Salazar a nivel nacional.
En la medida que el modelo político de Morena continúe con logros sustantivos de sus reformas y programas sociales, la respuesta beligerante de la derecha se incrementará como consecuencia lógica de su frustración e irritación política frente a su fracaso en torno al control político en el país.







