Cuando la ocasión la pintan calva hasta los pelos tiemblan, mis único y queridos lectores, y es que en el sexenio del exgobernador Omar Fayad Meneses no dejaron títere con cabeza y, ahora resulta, que la cereza del pastel se la lleva el puente atirantado, en las irregularidades del presupuesto de la obra pública que es otra de las caras de la Estafa Siniestra.
Ya no sabemos si reír o llorar, el caso es que los capítulos abiertos de la Estafa Siniestra sólo son comparables con la profundidad del Antiguo Testamento y es que entre la sana defensa del contralor Álvaro Bardales sobre que para acusar al exgobernador Fayad Meneses se requieren pruebas -cosa distinta a lo ocurrido con las declaraciones de la senadora Carolina Viggiano-, el mismo contralor de Hidalgo ya expone los posibles fantasmas de la obra pública en la era Fayad Meneses.
En estos entretelones nocturnos, mis únicos y queridos lectores, existen infinidad de desacuerdos, hipótesis y teorías conspiracionistas sobre cómo se orquestó la Estafa Siniestra, cuáles fueron sus inicios y dónde termina. Empero, les develo el hilo negro y el agua tibia: la Estafa Siniestra fue la obra maestra de la malversación pública en Hidalgo, donde la imaginación y maquinación de la corrupción pública del erario encontró que, en cada espacio de acción gubernamental, existen zonas proclives a la malversación pública, por lo que la construcción del puente atirantado y, cualquier obra pública, esconde el posible fantasma de la corrupción.
Es digno de una novela de Sir Arthur Conan Doyle, el escritor escocés que creó al famosos detective Sherlock Holmes, que la trama de la Estafa Siniestra mantiene calentitos los corrillos públicos y en cada hallazgo las fuerzas políticas del antiguo régimen del PRIAN se desbaratan a pasos agigantados, y en una simulación donde hacen que la virgen les habla, intentan culpar al gobierno de Julio Menchaca de no ir a fondo y no tocar al exgobernador Omar Fayad Meneses, condición que aprendieron del payaso Brozo y de su compinche -muy pinche, por cierto- Carlos Loret de Mola.
Recordemos el mecate Chencha
Hace meses que el líder del PRI Hidalgo, Marco Mendoza, en un ataque de protagonismo revanchista que secunda los desencuentros entre la secretaria general del tricolor, Carolina Viggiano, con el entonces gobernador Omar Fayad que, supuestamente, para no equivocarnos, operó en contra de su candidatura a la gubernatura de Hidalgo, que empujó una sarta de acusaciones al gobierno de Menchaca Salazar, exigiendo -a título de qué o por qué- que se tenía que investigar a Fayad Meneses desde la obra del puente atirantado, porque en ella se visualizaba la corrupción. ¡Qué ojo de halcón de este muchacho!
Deja los huevos en la canasta Anacleta
Entre perones maduros, las acusaciones de Marco Mendoza crearon -como lo crearon hace unas semanas las declaraciones de Viggiano Austria sobre la implicación de Omar Fayad y Jessica Blancas en la Estafa Siniestra- la suspicacia de que si estás en disposición de acusar, es que tienes a la burra, aunque no tengas los pelos en la mano; cosa escabrosa y por demás terrible en tiempos de la IA.
Empero, en algo coincido plenamente con Marco Mendoza y Carolina Viggiano, habrá que investigar con pelos y señales qué ocurrió con la malversación pública que se presentó en el gobierno perteneciente al PRI de Omar Fayad Meneses, con todo lo que implica para la derecha a la que ellos abanderan en Hidalgo.
Los fantasmas de la malversación pública de la Estafa Siniestra en la obra pública presentan un campo más que fértil, porque si algo caracterizó al gobierno de Fayad Meneses fue el hacer obra pública, no donde se necesitaba, pero, al fin y al cabo, obra pública.
Nos vamos Chencha, pero como dijo ese viejo traidor del General estadounidense, Douglas MacArthur, ¡volveré!
Por: Carlos Barra Moulain
Carlos Barra Moulain es Dr. en Filosofía Política, su ciudad natal es Santiago de Chile, encuentra en el horizonte social su mejor encuentro con la historia y hace de las calles el espacio de interacción humana que le permite elevar su conciencia pensando que la conciencia nos ha sido legada por los otros.





