Cuando era un mocoso imberbe que estudiaba Ciencias Políticas en la UNAM, mis únicos y queridos lectores, dediqué amplias horas a comunicación política, lo que me llevó a semiótica y, después, derivó en estructura del discurso político y a mis reflexiones más sentidas sobre las estructuras del poder.
En este escenario, como siempre, les develo el hilo negro, el agua tibia y el pan tostado del análisis en el contexto de Hidalgo, de los 7 años de manteles largos de la 4T y de la autoimagen, a fuego cruzado, del PRI Hidalgo.
I. La semántica de los 7 años
El significado de 7 años de Morena en el poder y la configuración de su modelo reformista de izquierda enuncia, en primer término, que pese a que la ciudadanía no está plenamente empapada con la cognición de izquierda, percibe mensajes claros de una realidad diametralmente opuesta a la que generó el antiguo régimen.
En estos 7 años de Morena cambió la estructura de financiamiento público en base a redistribución de los presupuestos de ingresos y egresos en procuración de macro obras sociales y de un sentido de proximidad ciudadana. El piso firme de Morena son sus programas sociales, aquí su semiótica y semántica es concretar tarea pública desde un humanismo mexicano de equidad y protección social.
II. Lo político es siempre una condición social
Si algo podemos decodificar o traducir del gobierno de Julio Menchaca, es que su proximidad ciudadana es un mensaje claro de alternancia y cambio político, debido a que esgrime lo opuesto a la segregación ciudadana y atomización social que generó el PRI Hidalgo, desde el caciquismo y el clientelismo político de prebendas y compromisos incumplidos.
Es desde la interacción de lo político, como condición social, donde el abismo de Morena con el PRI Hidalgo ha escrito una historia distinta que, a la postre, se refleja en su crecimiento de estructuras políticas que regionalmente en Hidalgo se han ido incrementando y fortaleciendo a través de trabajo gubernamental y programas sociales. Por ende, la política no se disocia de su condición social.
III. La autoimagen del PRI
El PRI Hidalgo se encuentra, desde una semiótica errónea, otorgando una autoimagen de partido contestatario sin proyecto político y a la deriva en una estrategia de golpeo, cuestión que fue rechazada desde la revocación de mandato por la ciudadanía, marcando distancia a las viejas prácticas del antiguo retienen.
Imponer una autoimagen beligerante sólo le ha ocasionado al tricolor, verse como el partido que no construye, porque es más fácil destruir desde la narrativa política que hacer gobierno. Este es un signo de una semántica errónea que, tácitamente, ha alejado a la ciudadanía.
Por ende, la clase política del PRI y su extensión en el PAN no comprende que un canal de comunicación política que envía constantes mensajes de obstrucción a la gestión del gobernador Julio Menchaca, termina por obstruirse como una conducta ciega y anómala, que no le agrada al imaginario colectivo que espera que un proyecto político brinde soluciones y no oscurezca el escenario de gobierno y tara pública.
El contraste de los 7 años del morenismo con la autoimagen del PRI explican que, mientras la izquierda construye alternativas reformistas, el PRI autodestruye su acontecer con una autoimagen de destrucción política.
Por: Carlos Barra Moulain
Carlos Barra Moulain es Dr. en Filosofía Política, su ciudad natal es Santiago de Chile, encuentra en el horizonte social su mejor encuentro con la historia y hace de las calles el espacio de interacción humana que le permite elevar su conciencia pensando que la conciencia nos ha sido legada por los otros.







