El abatimiento de “El Mencho” pinta de rojo el balón del Mundial 2026

El Mundial 2026 no es una excusa para postergar reformas profundas; al contrario, su cercanía exige que el Estado demuestre capacidad no sólo de responder con fuerza letal, sino de reconstruir confianza, gobernabilidad y protección efectiva para ciudadanos y visitantes por igual.

El abatimiento de Nemesio Rubén,El Mencho, líder del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG), sería sin duda un hito en la larga y turbulenta historia del crimen organizado en México. Pero más allá del simbolismo, la muerte de un capo no resuelve por sí sola los nudos que permiten prosperar a estas organizaciones. Peor aún, sin una estrategia estatal integral y coherente, ese hecho podría disparar una espiral de violencia y riesgos colaterales que pondrían en juego la seguridad y la percepción internacional sobre grandes eventos como la Copa Mundial de la FIFA 2026, coorganizada por Estados Unidos, México y Canadá.

 

El CJNG es hoy una organización profundamente ramificada, con células, franquicias y redes de extorsión, tráfico y corrupción incrustadas en distintas economías locales. La desaparición del liderazgo central suele producir dos fenómenos previsibles: vacío de poder y reacomodo violento. Ambos pueden traducirse en enfrentamientos entre facciones internas por el control de rutas, plazas y negocios ilícitos. La violencia colateral —ejecuciones, emboscadas, ataques a instalaciones críticas— es un efecto frecuente en esos procesos.

 

En segundo lugar, la lógica de la venganza y la demostración de capacidad operativa ante la caída de un líder impulsa respuestas espectaculares. Atentados a objetivos logísticos, intentos de bloquear carreteras, ataques a instalaciones gubernamentales o a patrullas son maniobras ya observadas en otros contextos de disputa del narco. En el periodo previo y posterior al Mundial 2026, con un flujo masivo de público extranjero y foco mediático internacional, cualquier acción de este tipo tendría un doble efecto: daños reales y una crisis de imagen que excede los números de víctimas. La percepción de inseguridad puede ser tan dañina como los hechos.

 

Tercero, la fragmentación de un cártel no garantiza que la violencia disminuya; por el contrario, puede multiplicar los actores armados. Subgrupos que antes obedecían a un mando fuerte podrían trabajar por separado, diversificar sus estrategias (desde la extorsión económica a ataques selectivos) y aumentar la dificultad de inteligencia para las fuerzas del Estado. A su vez, grupos rivales verán incentivos para invadir territorios, generando fricciones en estados clave con infraestructura turística o logística vinculada al Mundial (puertos, aeropuertos, autopistas).

 

Si comunidades locales sienten que se sacrifica su seguridad por una narrativa triunfalista se abre la puerta a reclamos, protestas y desconfianza. Además, cualquier acusación fundada o percibida de colusión entre autoridades y actores criminales —aunque sea producto de omisiones, no de conspiración— puede amplificar la crisis.

 

¿Cómo podría todo esto comprometer la Copa Mundial 2026?

 

Sin duda, en este momento, la FIFA ya debe estar tomando nota sobre los riesgos que pudieran representar las condiciones de inseguridad de México con las selecciones participantes. Los ojos del mundo estarán puestos en la justa mundialista y por consiguiente se tendría que garantizar la seguridad y los protocolos para las escuadras que jugarán en cualquiera de las sedes mexicanas.

 

Finalmente, el abatimiento de una figura tan emblemática puede ser interpretado como una victoria, pero, también, como una prueba de estrés para la resiliencia institucional. Si las autoridades se limitan a celebrar sin reconfigurar las políticas de seguridad, prevención y justicia, la muerte del capo podría transformarse en el detonante de una crisis mayor. El Mundial 2026 no es una excusa para postergar reformas profundas; al contrario, su cercanía exige que el Estado demuestre capacidad no sólo de responder con fuerza letal, sino de reconstruir confianza, gobernabilidad y protección efectiva para ciudadanos y visitantes por igual.

 

El Estado mexicano debe dar la cara por los coletazos que han surgido del abatimiento del Mencho. Hay que explicar, hay que fundamentar lo que está pasando y, sobre todo, puntualizar si México está listo para recibir la justa mundialista más importante del mundo a pesar de que el balón ruede de color rojo sobre el césped mexicano.

 

 

EL CONSPIRADOR