A 97 años del quiebre histórico-social, el PRI Hidalgo ha quedado a la deriva en el sistema político y presenta, mis únicos y queridos lectores, tres dudas políticas que, a título de análisis, les develo con el peso del hilo negro y el agua tibia.
I. ¿Dónde está Goliat?
En una retórica sórdida y volátil, el presidente del PRI Hidalgo, Marco Mendoza, sigue extraviado en la búsqueda de crear una imagen de partido de masas, que el tricolor perdió hace décadas y que ante el debilitamiento de su operación política -desde el caciquismo como el clientelismo que lo caracterizó- sufre los estragos no sólo de pérdida de militancia -el festejo del 97 aniversario asemejó a un perro flaco cargado de pulgas-, sino las constantes amenazas de la pérdida de su registro y extinción política.
En pocas palabras, cuando David no sabe dónde está Goliat, es que la derrota se vuelve no sólo el vaticinio de la pérdida del poder, sino la antesala de la extinción.
II. La llamada incómoda
Tempano, en los corrillos políticos, se esgrimió que la dirigencia del PRI Hidalgo había recibido una llamada incómoda. Transcribo el episodio: “Tenemos todo preparado para el festejo, ¿será como el año pasado con pastel? no, esa sería una torpeza, el año pasado nos exhibieron todos los medios y poco faltó para que la burla se convirtiera en canto de pueblo, te recomiendo que salgas a decir, ya que está próximo el 8M, que vas a incluir a las mujeres y jóvenes, y que habrá trabajo territorial… Perdón, maestra, pero salimos mal parados con el trabajo territorial, al grado que el proceso de afiliación nos dejó sin posibilidades frente a Morena… no importa, haz lo que te digo”.
III. Victimización o chantaje político
Frente al anuncio de la Reforma Electoral de la presidenta Claudia Sheinbaum, la cúpula del PRI nacional, desde la infausta voz de Alejandro Alito Moreno, instó -por no decir exigió-, a sus réplicas estatales a victimizarse argumentando, como lo hicieron el resto de la chiquillada de los partidos satélite, que la reforma “violaba el derecho de las minorías políticas partidistas”, refiriéndose a la extinción de las plurinominales.
En los pasillos del elefante blanco de bulevar Colosio, la retórica era dramática: “pronto tendré que vender lápices en el mercado primero de mayo, porque ni a las pluris voy a llegar, y ni pensar en la gubernatura, ese barco zarpó hace años, y ¿si pido asilo en Morena?, puedo venderles que aún tengo dos que tres amarres con caciques de la Huasteca y que todavía acarreo gente, lo importante es no dejar el hueso dorado que, hasta ahora, no me ha fallado”.
Podrán apreciar, mis únicos y queridos lectores, que las dudas del PRI Hidalgo son, a todas luces, la crónica de una extinción anunciada, y que frente a la consolidación del proyecto político del gobierno de alternancia de Julio Menchaca Salazar, las arenas políticas en la chiquillada de partidos satélites, como el tricolor, la cosa está que arde; por ende, en este escenario, las citas a oscuras en el territorio hidalguense de personajes que son y fueron del tricolor, asemejan al fantasma de la ópera, porque tras bambalinas pretende asestar el golpe final.
Las tres dudas políticas del PRI Hidalgo son, en realidad, el final del parque jurásico de ese PRINOSAURIO que, ahora, hace de sus aniversarios, la pantomima de payaso sin globo.
Por: Carlos Barra Moulain
Carlos Barra Moulain es Dr. en Filosofía Política, su ciudad natal es Santiago de Chile, encuentra en el horizonte social su mejor encuentro con la historia y hace de las calles el espacio de interacción humana que le permite elevar su conciencia pensando que la conciencia nos ha sido legada por los otros.





