En política, la memoria corta suele ser una estrategia. Pero cuando esa amnesia selectiva se vuelve regla, lo que se pone en riesgo no es sólo la narrativa, sino la credibilidad. La eventual llegada de Israel Félix Soto a Morena en Hidalgo no es un movimiento menor, es una decisión que tensiona los límites entre el pragmatismo político y la congruencia que el propio movimiento ha defendido como bandera.
Félix no es un actor nuevo ni neutro. Durante el proceso electoral de hace casi cuatro años no dudó en criticar abiertamente al hoy gobernador Julio Menchaca Salazar con descalificativos y palabras altisonantes. Sus posicionamientos no fueron matices ni diferencias técnicas; fueron cuestionamientos directos incluso majaderos por parte del ex candidato priista. Hoy, sin embargo, el dirigente estatal de Morena, Marco Antonio Rico Mercado, le abre la puerta, como si el pasado fuera irrelevante.
Pero el problema no es sólo ideológico. Es también de trayectoria y de confianza política.
Desde el inicio y hasta la cúspide del gobierno de Omar Fayad Meneses, Félix ocupó una posición estratégica, se le confeccionó una súper Secretaría de Políticas Públicas, desde la cual concentró control político y operativo. No era un cargo menor; era una posición diseñada para articular decisiones clave del gobierno estatal. Y, sin embargo, terminó abandonando ese espacio. No como resultado de un cierre institucional ordenado, sino en medio de cuestionamientos sobre su lealtad política y su compromiso con el proyecto del que formaba parte.
Ese antecedente no es menor. Habla de un perfil que ha transitado por espacios de poder con una lógica más personal que institucional. Un actor que, cuando las condiciones cambian y no le gustan, hace berrinche y se va, sin que la congruencia sea un factor determinante. Dicen lo que lo conocen que sólo piensa en poder y dinero.
A esto se suman los señalamientos que han acompañado su paso por la administración pública. Desde el gobierno municipal de Mineral de la Reforma, el actual alcalde Eduardo Medécigo Rubio ha advertido que su regreso a la escena política representaría un retroceso, no sólo por las condiciones en que dejó el ayuntamiento, sino por la existencia de carpetas de investigación abiertas. No es una crítica aislada ni menor; es una señal de alerta desde la propia administración en funciones.
Aquí es donde el debate deja de ser partidista y se vuelve estructural.
¿Puede Morena, que ha construido su narrativa en torno a la transformación y el combate a prácticas del pasado, abrir la puerta a un perfil con este historial sin erosionar su credibilidad?, ¿puede justificar esa decisión frente a su militancia y frente a quienes han sostenido el proyecto desde abajo?
Porque la inconformidad no es externa. Dentro del propio Morena, voces de militantes advierten que la hasta ahora probable llegada de Félix sería un error. Y no por un tema de exclusión política, sino por lo que representa; un perfil que no sólo fue adversario, sino que arrastra cuestionamientos sobre su desempeño y su lealtad institucional.
El argumento pragmático dirá que en política se suman perfiles, que los tiempos cambian, que las alianzas se redefinen. Es cierto. Pero también es cierto que no todas las sumas fortalecen. Algunas, por el contrario, generan ruido interno, desconfianza y pérdida de identidad.
Morena enfrenta aquí una prueba incómoda. No es la primera vez que un partido abre sus puertas a perfiles provenientes de otros espacios políticos. Pero cada decisión de este tipo acumula costos o beneficios en la percepción pública.
Si la apuesta es por la congruencia, la decisión debería pasar por un filtro claro; trayectoria, resultados, señalamientos y, sobre todo, coherencia política. Si la apuesta es por el pragmatismo, entonces el discurso de transformación pierde fuerza.
El caso de Israel Félix no es sólo sobre un posible fichaje político. Es un espejo que refleja las tensiones internas de un movimiento que llegó al poder prometiendo ser distinto. Y en política, ser distinto no se demuestra en el discurso. Se demuestra en las decisiones incómodas.
Morena debe saber, y seguramente lo sabe, que Félix tiene un gran número de enemigos políticos, dejó muchos adversarios con sed de venganza, por la forma en que este personaje se comportó cuando tuvo mucho poder. Morena deberá reflexionar bien qué tanto le deja meter la mano, y aunque algunos dicen que lleva más de un año haciendo operación política para los guindas, lo único que podría ofertar es verborrea sin fondo ni estructura.
Israel Félix debe muchas cosas que pesarán en su camino, hizo y deshizo, presuntamente abusó de su poder, y es tanta su soberbia que en su multicitado video dice que hoy la política no se trata de partidos políticos, sino de servir a la gente. Si tan seguro se siente de sí mismo, ¿por qué no busca la candidatura de lo que sea de manera independiente? No le alcanza. Ha hecho mucho daño y la factura será cobrada tarde que temprano y se prevé que sea en Morena.
Quiere resurgir el lobo, con piel de cordero.





