El elefante blanco del bulevar Colosio poco a poco, mis únicos y queridos lectores, se resquebraja desde sus entrañas producto de una doble moral y una ética política inexistente.
El retiro político, a título de destierro o exilio -lo mismo da-, del exgobernador de Hidalgo, Francisco Olvera Ruiz, quien ha señalado que el PRI es prácticamente un “club de amigos”, no presupone ni un cambio de rumbo político en la escena del poder y está muy lejos de constituir una ruptura de paradigma sobre el tricolor.
En este trazo de farándula de la clase política, ¿qué elementos se encuentran ausentes de la reflexión sobre el retiro político de Francisco Olvera Ruiz?
Tan cerca y tan lejos
La paradoja del retiro político del exgobernador de Hidalgo, que sus huellas no quedan nítidas ni desde el Tuzobús, es evidencia de que la estructura de cúpula del PRI Hidalgo sigue siendo antidemocrática y autoritaria, características genéticas de sus cuadros de poder que ya no caben dentro de las condiciones de deliberación de la ciudadanía que, paulatinamente, ha ido entendiendo y asumiendo que el cambio político que vive la nación comienza a desterrar a la vieja guardia.
Por ende, la noticia de este autoexilio no es noticia, sino un síntoma del anquilosamiento de los cuadros de élite que se reparten el pastel a diestra y siniestra, y donde las reglas del juego interno del vetusto partido de la institucionalidad de disfraz, no respeta ni desde sus estatutos modificados.
El ovillo de la madeja
Analíticamente, defeccionar, migrar o autoexiliarse del PRI no es, en estos momentos, un escenario que pueda incidir en la correlación de fuerzas del sistema político desde la hegemonía de Morena.
Defecciones como las de José Antonio Rojo, Benjamín Rico o el autoexilio de Olvera Ruiz, asemejan a los músicos de la orquesta del Titanic, los que pese al hundimiento inminente siguieron tocando, a sabiendas que nada rescataría al trasatlántico que, como el PRI, se hundió por su propio peso.
Lo inexorable
El club de amigos que señala Francisco Olvera -en el que a su juicio se ha convertido el PRI- es en realidad la cofradía de un asalto en despoblado. Es inexorable e inapelable el hecho de que lo que menos tiene en este momento el tricolor es identidad política. Por lo que, ante su carencia, el avasallamiento de la cúpula del poder y su sistema de prebendas se impone con aliento frente a su estructura antidemocrática que lo mismo golpea a sus bases militantes, que se eterniza en el poder.
Alito Moreno, el líder perpetuo del PRI, se ha encargado de exiliar y desterrar a la vieja guardia del partido que, en múltiples casos, se resiste al abandono político; penetrando e infiltrando partidos e, inclusive, tratando de mimetizarse en la ideología de izquierda, la cual rechazan profundamente, pero que, en su camuflaje, utilizan el chaleco guinda como maquillaje político.
Nicolás Maquiavelo, el Gran Florentino, invariablemente repulsó a los mercenarios que, en nuestros días, se multiplican como rémoras del escaño de un pasado político, cuya raíz antidemocrática le cobra factura al núcleo indolente que vertebra la vieja guardia en la crónica anunciada del retiro o el autoexilio.
Por: Carlos Barra Moulain
Carlos Barra Moulain es Dr. en Filosofía Política, su ciudad natal es Santiago de Chile, encuentra en el horizonte social su mejor encuentro con la historia y hace de las calles el espacio de interacción humana que le permite elevar su conciencia pensando que la conciencia nos ha sido legada por los otros.





