El PRDH: ¿el fiel de la balanza?

“El PRDH ya entendió que su valor no está en la fuerza que presume, sino en la utilidad que puede ofrecerle a otros cuando llegue la hora de repartir candidaturas para el Congreso y sobre todo para los municipios”.

En Hidalgo, la política rumbo a 2027 empieza a moverse, pero parece que es más por pragmatismo que sólo por convicciones. En ese tablero, el nacimiento formal de PRDH como partido político local no es una nota menor: es la aparición de una pieza que, sin ser la más grande, puede terminar siendo la más útil. El Instituto Estatal Electoral aprobó su registro local desde octubre de 2024, y desde 2025 quedó colocado además como la tercera fuerza con más prerrogativas en el estado y eso, en política, resulta ser muy atractivo.

 

Lo interesante no es solamente que el viejo PRD haya sobrevivido en versión hidalguense, sino el tipo de señales que ha empezado a mandar. Por un lado, ha sido tajante en cerrar la puerta a una nueva alianza con PRI y PAN, porque la anterior casi lo mata; por otro, ha dejado abierta la posibilidad de caminar con Morena bajo el argumento de afinidad ideológica. Dicho de otro modo: el PRDH ya entendió que su valor no está en la fuerza que presume, sino en la utilidad que puede ofrecerle a otros cuando llegue la hora de repartir candidaturas para el Congreso y sobre todo para los municipios.

 

Y esa utilidad hoy crece aún más, justo porque Morena no se ve que llegue completamente acompañado de sus compañeros de mil batallas. A nivel nacional, el partido ha entrado en una etapa de tensión interna y de desgaste en su relación con el PT y el Verde, al grado de que, desde las más altas esferas de la política nacional oficialista, se intervino para recomponer la operación de candidaturas y alianzas a través del nombramiento de Citlalli Hernández. En Hidalgo, además, la dirigencia morenista ha admitido que con PT y Verde no hay rompimiento pero tampoco acuerdos –joya– y que aún depende de definiciones políticas mayores. Entonces, aquí es donde viene el redoble de tambores porque cuando el partido gobernante empieza a buscar negociar más de lo que ordena, aparecen inevitablemente los partidos bisagra.

 

A eso se suma que los aliados tradicionales de Morena también empiezan a pensar más en sí mismos. El Verde en Hidalgo ya habla de fortalecerse por cuenta propia e incluso de aspirar a ganar más de diez ayuntamientos; del PT se sabe que desde hace varios procesos electorales vuela con amor, orden y progreso, lo que complica una negociación subordinada; mientras Nueva Alianza atraviesa una etapa de nueva dirigencia y reestructuración territorial. Es decir, el oficialismo hidalguense puede llegar a 2027 con más intereses cruzados que disciplina cuatroteísta y como cada uno de sus socios partidistas empieza a sentirse con fuerza suficiente para cobrar muy caro su respaldo, cualquier otro actor con registro, prerrogativas, estructura mínima y disposición negociadora se vuelve muy relevante.

 

Ahí es donde el PRDH puede convertirse en instrumento del presente, porque no necesita ser mayoría ni encabezar la conversación pública todos los días; le basta con volverse necesario en municipios donde Morena no pueda destrabar acuerdos con PT o PVEM, o donde el costo de imponer candidaturas propias sea demasiado alto. Incluso sus mensajes contradictorios recientes —a veces deslizando cercanía con Morena, a veces negando “coqueteos”— pueden leerse como una estrategia de subir su precio sin comprometerse antes de tiempo.

 

Al final, hay que recordar que en política no siempre decide el más fuerte, sino el que llega a tiempo para inclinar una negociación. Hoy el PRDH parece querer exactamente eso: no ser el protagonista central, sino la pieza que nadie pueda ignorar cuando el tablero se complique. Si sabe jugar bien sus cartas, puede convertirse en el fiel de una balanza que hoy todavía no se ve para dónde se decante.






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