La detención de nueve policías municipales de Progreso de Obregón ya había encendido las alarmas hace unos días. Pero ahora, con su vinculación a proceso por homicidio doloso calificado y lesiones, el caso deja de ser una nota escandalosa para volverse un problema institucional de enorme tamaño.
Nueve elementos de una misma corporación, señalados por hechos gravísimos. No estamos hablando de un error administrativo ni de una queja menor contra un mal servidor público. Estamos hablando de una Policía Municipal acusada directamente de un homicidio. ¿De verdad ya lo normalizamos?
Según lo informado por las autoridades, los hechos investigados ocurrieron el 10 de mayo. A dos hombres los habrían agredido; uno logró escapar lesionado, y el otro fue golpeado hasta morir y abandonado en una zanja de aguas negras en Jagüey Blanco, Mixquiahuala. Hay que decirlo con cuidado, porque el proceso judicial sigue y nadie debe ser condenado antes de tiempo, pero de acreditarse estos hechos y su responsabilidad penal, significa que algo se rompió mucho antes de la propia sentencia.
¿Qué estaba viendo el Ayuntamiento de Progreso de Obregón? ¿Qué revisaba el Cabildo? ¿Qué controles tenía la corporación? Una cosa es que un policía se corrompa por su cuenta, y otra muy distinta es que nueve elementos de una misma corporación terminen vinculados a proceso. Si el municipio tenía alrededor de 38 policías, estamos hablando de casi una cuarta parte de la fuerza municipal. Ese dato es escandaloso.
El caso, además, llega muy cerca de lo ocurrido en Tezontepec de Aldama, donde también fueron detenidos mandos policiacos municipales en una investigación delicada. Entonces el asunto ya no es sólo por Progreso. ¿Qué está pasando con algunas Policías Municipales en Hidalgo? Quién las evalúa, quién las vigila, quién revisa sus prácticas, quién escucha las quejas, quién detecta abusos antes de que sea tarde.
Después de las detenciones, se planteó incorporar a Progreso de Obregón al Mando Coordinado. La idea llega tarde, pero vaya que llega con razón. Ojo, ni Progreso ni Tezontepec estaban adheridos a ese esquema, y aunque el Mando Coordinado no resuelve por arte de magia todos los problemas, por lo visto tiene más controles. Lamentablemente, parece que no todos los municipios están en condiciones reales de manejar solos su seguridad pública. A veces la autonomía municipal suena muy bien en el papel, pero en la calle lo que importa es saber si la policía está preparada, vigilada y controlada.
Lo mínimo ahora es una revisión a fondo, no una explicación de trámite. Progreso tiene que explicar cómo se integró su policía, quiénes estaban al mando y qué controles había, para saber qué señales se ignoraron. La duda queda para los ayuntamientos que todavía creen que su policía puede manejarse sola: ¿la están gobernando de verdad o sólo se enteran de ella cuando ya es demasiado tarde?





