En democracia, que existan nuevos partidos no debería ser una mala noticia. En teoría, cada partido que nace representa una nueva voz, una causa distinta o una agenda que no encontró espacio en las fuerzas tradicionales. Pero cada que nace un nuevo partido político debemos preguntarnos: ¿llegaron para representar algo o sólo para ocupar un lugar más en la boleta?
El Partido Encuentro Solidario Hidalgo y el Partido Espacio Hidalgo llegaron formalmente a la vida pública hidalguense en 2024. Es decir, obtuvieron registro, estructura, prerrogativas y asiento en la mesa política electoral hace casi 24 meses, y con toda honestidad es muy poca la gente que los conoce. Con esto se confirma que una cosa es obtener el registro y otra muy distinta es contar con base social.
A casi dos años de su creación, ¿dónde han estado? No se les ha visto en una discusión importante para Hidalgo, no han marcado agenda, no han defendido una causa de peso estatal y menos han instalado un tema propio.
Tampoco se trata de exigirles que en dos años transformen la política hidalguense. Construir un partido desde cero cuesta, armar estructura lleva tiempo y competir contra marcas conocidas es una batalla a veces desproporcionada, pero una cosa es estar en construcción y otra vivir en modo avión.
Más aún cuando hay financiamiento público, obligaciones legales y una ciudadanía que sostiene con sus impuestos el funcionamiento de esas organizaciones. Entonces, si reciben dinero público, lo mínimo esperable es que existan en la realidad de la gente.
El 2027 será su verdadera y tal vez única prueba. Ahí no podrán refugiarse en el discurso de la novedad, ni esconderse detrás de alianzas porque para su primera aparición electoral lo tienen prohibido. Tendrán que competir y demostrar su verdadero peso pidiendo el voto solos, recordando que en estos casos la boleta suele ser menos amable que el trámite de creación.
Al final, la elección del próximo año les va a quitar cualquier margen de simulación. No será un examen de discursos, sino de votos. Ahí sabremos si detrás de sus registros había una causa, una comunidad y una fuerza real, o sólo fueron una estructura lo suficientemente ordenada para entrar al sistema de partidos. Para mantenerse en la política no basta con aparecer en la boleta, hay que significar algo para alguien y si después de casi dos años la ciudadanía apenas sabe que existen, el problema es que no han demostrado ser una alternativa real... y el tiempo corre.





