¿Quién con Rocha Moya?

Aunque sería injusto atribuirle a un solo hombre un problema construido durante generaciones, tampoco puede ignorarse que el gobernador Rocha Moya se ha convertido en el principal rostro político de esa crisis.

La pregunta no es casual. Tampoco es un juego de palabras. En realidad se ha convertido en uno de los mayores dilemas políticos que enfrenta Morena en la actualidad, ¿quién está dispuesto a salir públicamente a defender a Rubén Rocha Moya?

 

Durante años, el gobernador de Sinaloa fue considerado una de las figuras más sólidas del movimiento obradorista. Académico, político de izquierda y aliado estratégico de la Cuarta Transformación, Rocha llegó al poder con una legitimidad electoral contundente y con la promesa de encabezar una nueva etapa para una entidad históricamente marcada por la violencia y el poder del narcotráfico.

 

Sin embargo, la realidad terminó siendo mucho más compleja que el discurso.

 

Hoy, el mandatario con licencia enfrenta quizá el momento más delicado de toda su trayectoria política. Actualmente, Estados Unidos lo persigue, su cabeza tiene un precio y pesa sobre él el devastador desgaste de la percepción pública.

 

La crisis de seguridad que atraviesa Sinaloa ha colocado a Rocha Moya en el centro de cuestionamientos nacionales e internacionales. La violencia derivada de las disputas entre grupos criminales ha exhibido una situación que muchos gobiernos intentaron ocultar durante décadas, que es la fragilidad institucional frente al poder de las organizaciones delictivas.

 

Y aunque sería injusto atribuirle a un solo hombre un problema construido durante generaciones, tampoco puede ignorarse que el gobernador se ha convertido en el principal rostro político de esa crisis.

Lo más revelador no son las críticas de la oposición. Esas son previsibles. Lo verdaderamente significativo es el silencio que guarda Morena a partir de que se supo que desde Nueva York hubo señalamientos en contra de 10 políticos acusados de nexos con el narcotráfico.

 

Pocos gobernadores salen a respaldarlo con entusiasmo. Escasos liderazgos nacionales de Morena lo defienden abiertamente. Incluso, dentro del propio movimiento, las muestras públicas de apoyo suelen ser cuidadosamente calculadas. Existe una especie de acompañamiento institucional obligado, pero no necesariamente una defensa política apasionada.

 

Y eso en política significa mucho.

 

El problema para Morena es que Sinaloa se ha convertido en una vitrina nacional. Cada hecho violento trasciende las fronteras estatales. Cada declaración del gobernador es analizada con lupa. Cada crisis de seguridad impacta directamente en la narrativa nacional de un partido que ha hecho de la transformación institucional uno de sus principales argumentos políticos.

 

Por eso, el caso de Rocha Moya dejó de ser exclusivamente sinaloense.

 

Lo que está en juego es la capacidad del movimiento gobernante para responder ante escenarios complejos. La ciudadanía observa si existe autocrítica, capacidad de reacción y resultados concretos. Lo que muchas veces encuentra son discursos defensivos, explicaciones insuficientes y una creciente distancia entre la narrativa oficial y la percepción ciudadana.

 

Hay otro elemento igualmente preocupante.

 

Rocha Moya parece haberse convertido en un símbolo de los límites del poder político frente a fenómenos estructurales. Durante años, los gobiernos prometieron recuperar territorios, reducir la violencia y fortalecer las instituciones. Sin embargo, la realidad demuestra que las soluciones son mucho más difíciles de ejecutar que de anunciar.

 

Eso explica por qué incluso algunos aliados prefieren guardar distancia.

 

No se trata necesariamente de deslealtad. Se trata de supervivencia política. Sin duda, la imagen pública es uno de los activos más valiosos, pocos actores quieren cargar con costos que no les corresponden directamente.

 

Y ahí aparece nuevamente la pregunta: ¿quién con Rocha Moya?

 

La respuesta parece cada vez más incómoda.

 

No porque el gobernador haya sido abandonado formalmente por su partido, sino porque en los momentos difíciles se puede conocer la verdadera lealtad.

 

Porque en política, los apoyos auténticos se miden en los momentos difíciles. Cuando abundan las fotografías y los aplausos, todos son aliados. Cuando llegan las crisis, los silencios suelen revelar la verdadera dimensión del respaldo.

 

La pregunta no es solamente quién defiende a Rocha Moya.

 

La pregunta de fondo es quién puede defender con credibilidad los resultados de un gobierno cuando la realidad cotidiana parece contradecir el discurso oficial.

 

 

EL CONSPIRADOR 






Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *