Toros y Mundial

La tauromaquia volvió a colocar a Hidalgo en una conversación áspera, de esas donde casi nadie escucha y todos llegan con el veredicto hecho. Como lo hemos dicho, para unos, se trata de tradición, cultura y libertad; pero para otros, el tema es sobre la violencia contra los animales y de una práctica que las instituciones del Estado no deberían permitir.

Hoy, Hidalgo tendrá su propio partido antes de que ruede el balón. Mientras el país y el mundo se preparan para ver el inicio del Mundial, en el estado vence el plazo para que el Tribunal Superior de Justicia resuelva si procede o no la consulta popular solicitada por el Congreso sobre la tauromaquia. No es poca cosa, porque detrás de esa decisión no sólo está el futuro inmediato de una posible consulta, sino la reflexión de qué temas pueden llevarse a votación y cuáles deberían tener límites jurídicos para que no se traten como si fueran una encuesta de sobremesa.

 

La tauromaquia volvió a colocar a Hidalgo en una conversación áspera, de esas donde casi nadie escucha y todos llegan con el veredicto hecho. Como lo hemos dicho, para unos, se trata de tradición, cultura y libertad, pero para otros, el tema es sobre la violencia contra los animales y de una práctica que las instituciones del Estado no deberían permitir. El problema es que este asunto se politizó y la discusión jurídica se encuentra ante un escenario caliente, justo por eso importa lo que resuelva el Tribunal.

 

Con esto hay que decir que el análisis debe centrarse en qué tanto la consulta popular puede ser una herramienta democrática valiosa, pero también valorar que no todo se debería resolver votando. Hay materias, derechos, principios y límites constitucionales que no pueden depender únicamente del aplauso o del rechazo de una mayoría momentánea. La democracia no es sólo contar votos, también es saber cuándo el voto no puede invadir ciertas fronteras. Eso no le quita valor a la participación ciudadana, al contrario, la toma en serio.

 

En medio de todo, también llamó la atención que la presidenta de la Comisión de Derechos Humanos dijera que valoraría promover una acción de inconstitucionalidad, según el sentido de la resolución del Tribunal.

 

Lo que viene, entonces, no es sólo una decisión sobre toros. Es una prueba para las instituciones locales. Para el Congreso, porque abrió una ruta políticamente rentable pero jurídicamente delicada. Para el Tribunal, porque tendrá que resolver sin dejarse arrastrar por la plaza pública y para el organismo que defiende los derechos, porque no basta con tener una causa correcta si luego se tropieza con la herramienta jurídica equivocada.

 

Así que hoy Hidalgo tendrá toros y Mundial, aunque cada cosa en su arena. En la Ciudad de México rodará el balón y el país entrará en modo futbolero; aquí, en cambio, el silbatazo lo tendrá el Tribunal. Tal vez esa sea la ironía del día: mientras millones esperan el primer gol, en Hidalgo habrá quienes estén pendientes de otra jugada, menos vistosa pero bastante más seria. Porque en el futbol se vale gritar, reclamar y hasta pedir VAR, pero en la política, en cambio, conviene saber primero qué partido se está jugando.