La ausencia de Sheinbaum en el Mundial

Para los sectores cercanos a Morena, la decisión puede reforzar la imagen de una presidenta concentrada en gobernar y alejada de los espectáculos políticos. Para sus críticos, en cambio, representa una oportunidad perdida para fortalecer la presencia de México ante el mundo y aprovechar un momento histórico para el país.

La decisión de la presidenta Claudia Sheinbaum de no asistir a la inauguración de la Copa del Mundo ha generado diversas interpretaciones tanto en México como en el extranjero. Más allá de la agenda oficial o de las razones logísticas que pudieran existir, la realidad es que cuando un país es anfitrión de uno de los eventos más importantes del planeta, la presencia de su jefe de Estado adquiere un valor simbólico extraordinario.

Por ello, la discusión no gira únicamente sobre si la presidenta tenía o no la obligación de asistir. La verdadera pregunta es qué mensaje proyecta México cuando su máxima representante política está ausente en un escaparate global observado por miles de millones de personas.

El Mundial no es solamente futbol

Es diplomacia, imagen internacional, turismo, inversión, promoción cultural y construcción de liderazgo. Durante décadas, los gobiernos han entendido que los grandes eventos deportivos funcionan como plataformas de posicionamiento nacional. Los presidentes aparecen porque representan al Estado, no porque sean aficionados al deporte.

Cuando un mandatario acude a una inauguración mundialista, envía una señal de acompañamiento institucional, orgullo nacional y compromiso con la organización de un evento que coloca a su país en el centro de la conversación global.

Cuando no lo hace, inevitablemente surgen preguntas.

Algunos defensores de la presidenta argumentarán que la transformación del país no depende de asistir a ceremonias protocolarias. Y tienen razón, en parte. Los problemas nacionales no desaparecen por una fotografía en un estadio. Sin embargo, la política internacional también se construye con símbolos. Y los símbolos importan.

La silla vacía siempre genera interpretaciones

A nivel internacional, la ausencia puede leerse como una decisión de priorizar la agenda interna sobre la proyección global. No necesariamente es una señal negativa, pero sí rompe con una tradición de representación institucional que suele acompañar este tipo de eventos.

En términos de opinión pública nacional, las lecturas son aún más complejas.

Para los sectores cercanos a Morena, la decisión puede reforzar la imagen de una presidenta concentrada en gobernar y alejada de los espectáculos políticos. Para sus críticos, en cambio, representa una oportunidad perdida para fortalecer la presencia de México ante el mundo y aprovechar un momento histórico para el país.

La política moderna se mueve precisamente en esa disputa de narrativas.

Lo interesante es que la ausencia termina convirtiéndose en noticia. Y cuando eso ocurre, el mensaje original del evento pasa a segundo plano. En lugar de hablar exclusivamente de la organización, la infraestructura, la afición mexicana o el papel del país como anfitrión, la conversación gira alrededor de quién estuvo y quién no estuvo.

Desde una perspectiva estrictamente de comunicación política, el costo principal es la pérdida del simbolismo.

México tenía la oportunidad de mostrar una imagen de unidad institucional frente a una audiencia global. La presencia presidencial habría transmitido respaldo al evento y orgullo por el papel del país en una Copa del Mundo histórica. Al no asistir, ese espacio simbólico quedó vacío y fue llenado por especulaciones.

Al final, la cuestión no es si Claudia Sheinbaum tenía la obligación formal de acudir. La pregunta es si, políticamente, México perdió una oportunidad de proyectar liderazgo y presencia institucional ante el mundo.

Claudia decidió ir al Deportivo Hermanos Galeana para ver el partido, con un séquito de gente que le cuida todo el tiempo las espaldas. Eso de que prefirió estar con el pueblo es un decir. De hecho, las personas que acudieron al estadio Azteca también son parte del pueblo que gobierna.

Es una pena que la presidenta nos represente así ante el mundo. Pone una barrera que representa rechazo ante los grandes eventos, pero por otro lado sí le interesa de manera colateral ser parte de la globalización, al menos para su familia. Su hija Mariana Imaz estudió una maestría en la Universidad de Barcelona, en España. Y un doctorado en la Universidad de California en Estados Unidos. Habría que tener congruencia entre el discurso y los hechos.