Hay reuniones que se explican mejor con una sola foto. La de Héctor Chávez con Citlali Hernández Mora no es una imagen cualquiera, porque ella no es una figura menor dentro de Morena nacional cuando se habla de candidaturas y acuerdos políticos.
Por eso el mensaje de que el PRDH se dejó ver con una de las personas que más influye en las definiciones rumbo a 2027, no es menor y, aunque no haya todavía un acuerdo firmado, pareciera que la puerta ya está abierta.
El movimiento tiene un tono pragmático. Desde que el PRDH sobrevivió como partido local, su reto no ha sido presumir una fuerza descomunal, sino demostrar utilidad política en un estado donde cada voto, cada municipio y cada candidatura contarán. Con el PRI y el PAN la ruta está cerrada porque aquella alianza nacional terminó siendo parte del costo que dejó al viejo PRD sin vida. Así que mirar hacia Morena no necesariamente es un giro extraño; puede leerse como una forma de regresar a un terreno ideológico más justificable, sin dejar de ser también una jugada práctica para no quedarse aislado y sin registro estatal el próximo año.
Para Morena tampoco es una idea absurda. En Hidalgo el partido guinda tiene fuerza y gobierno, pero eso no significa que todas sus candidaturas vayan a resolverse sin grilla interna, al contrario. Entre lo que se acuerde con Nueva Alianza y con miles de aspirantes, cualquier partido con registro y disposición para negociar puede volverse útil. El PRDH no tendría que ser protagonista para pesar, le bastaría con convertirse en una pieza que ayude a destrabar posiciones específicas.
La clave estará en que el partido del sol azteca no confunda esta cualidad con dependencia política. Si logra presentarse como un aliado con identidad puede negociar mejor, pero si se limita a esperar a que Morena le preste oxígeno, le habrán tomado la medida desde este año. Héctor Chávez, como líder moral, parece entender que el partido necesita moverse antes de que otros decidan por él, y por eso la foto con Citlali puede leerse como una señal políticamente bien calculada.
Rumbo a 2027, y quizá también pensando en 2028, el PRDH está tratando de ocupar un lugar en la versión hidalguense de la 4T antes de que el jaloneo empiece en serio. No es el partido más grande, pero puede ser uno de esos actores que se vuelven importantes cuando los acuerdos se atoran. ¿Sabrá reclamar su utilidad sin perderse en los brazos de Morena?





