Francisco Martínez: de la lucha social a la fuerza política de la Sierra y la Huasteca

Con más de 25 años de participación en la izquierda, el alcalde de Tepehuacán muestra ahora la prueba que distingue al activista del gobernante: convertir las causas defendidas en decisiones, presupuesto y resultados.

Hay municipios donde gobernar significa administrar servicios. En Tepehuacán de Guerrero significa, además, enfrentar rezagos que durante años limitaron oportunidades y lastimaron la dignidad de sus comunidades. Por eso, hablar de transformación en esta región exige mirar más allá de las obras: obliga a preguntarse quién escucha, a quién se atiende y cómo responde el poder ante la necesidad.

Ese fue el fondo de la intervención del presidente municipal, Francisco Martínez Enríquez, en la conferencia de prensa del Gobierno de Hidalgo, celebrada el pasado lunes en Pachuca, con la participación del secretario de Contraloría, Álvaro Bardales, y del alcalde capitalino, Jorge Reyes.

Francisco Martínez, Pancho, como lo conoce la gente, llevó al espacio estatal una perspectiva construida desde la Sierra: la de comunidades donde un camino determina el acceso a la salud, una ambulancia puede salvar una vida y una audiencia representa la posibilidad de encontrar respuesta después de años de espera.

Su exposición permite identificar los elementos de un liderazgo que consolida una presencia regional: trayectoria social, cercanía comunitaria y capacidad de gestión. Con más de 25 años de participación en la izquierda, el alcalde muestra ahora la prueba que distingue al activista del gobernante: convertir las causas defendidas en decisiones, presupuesto y resultados.

La dignidad como asunto de gobierno

Uno de los planteamientos de mayor fuerza política fue su compromiso de combatir la discriminación, a la que definió como una forma de corrupción, ya que cuando una autoridad condiciona el trato, cierra las puertas a determinadas personas o distribuye oportunidades según cercanías y preferencias, desvirtúa el sentido del servicio público. La desigualdad también se reproduce desde una oficina.

En un municipio marcado por carencias ancestrales producto del cacicazgo, colocar la dignidad en el centro del discurso supone reconocer que el rezago tiene una dimensión humana: el dolor de quienes se acostumbraron a pedir y no ser escuchados.

Martínez Enríquez informó que su administración ha otorgado más de diez mil audiencias ciudadanas. La cifra expresa su apuesta por hacer de la cercanía una práctica de gobierno sostenida. Su verdadera trascendencia son las respuestas que genera porque escuchar adquiere valor público cuando permite resolver, explicar y dar seguimiento.

Los caminos también distribuyen oportunidades

En la Sierra, la infraestructura tiene consecuencias inmediatas. Un camino transitable acerca al paciente a un hospital, facilita el traslado de productos y permite que estudiantes y trabajadores lleguen a su destino.

De acuerdo con lo presentado por el alcalde, el gobierno municipal ha destinado 40 millones de pesos a caminos, siete millones a salud y cinco millones al deporte. También reportó 50 millones de pesos en apoyo social, con acciones que incluyen respaldo a escuelas, actividades culturales y atención a familias en momentos difíciles.

Estas prioridades permiten leer una orientación de gobierno: atender necesidades que impactan directamente la vida cotidiana.

La emergencia puso a prueba al gobierno

Las afectaciones provocadas por la vaguada monzónica expusieron la vulnerabilidad territorial de Tepehuacán. En su relato, el presidente municipal informó que más de 30 comunidades quedaron incomunicadas, con interrupciones de caminos, energía eléctrica y comunicaciones.

Una emergencia de esa magnitud pone a prueba la capacidad institucional, pero también la confianza de la población. Exige presencia, coordinación y respuestas que puedan apreciarse en el territorio.

Martínez Enríquez agradeció el respaldo del gobernador Julio Menchaca y la presidenta Claudia Sheinbaum, y reconoció la resiliencia de las comunidades, así como su organización y su esfuerzo para superar las consecuencias del desastre.

La dimensión política de los resultados

El alcalde reportó un ejercicio municipal de 269.1 millones de pesos durante los dos años de administración, y aportaciones federales y estatales superiores a 700 millones. Conforme a las cifras que presentó, el conjunto se aproxima a mil millones de pesos.

La magnitud abre una oportunidad histórica y eleva la responsabilidad pública. Su impacto se medirá en las obras concluidas, caminos funcionales, servicios accesibles y beneficios reales para las comunidades.

Ese es también el desafío de Francisco Martínez como figura política. Su trayectoria y su discurso de cercanía pueden darle reconocimiento; la calidad de los resultados determinará la solidez de ese liderazgo.

En la Sierra y la Huasteca existe espacio para liderazgos capaces de entender el territorio, gestionar recursos y mantener un vínculo real con la población. La intervención del alcalde en Pachuca lo coloca dentro de esa conversación.

Su mensaje final resume la exigencia que acompaña a cualquier gobierno surgido de una lucha social: “no se les puede fallar”.

En Tepehuacán, esa frase tiene destinatarios concretos. Son las familias que esperan un camino, atención médica y un trato digno. Cumplirles es la medida más profunda de la transformación y la base más firme de cualquier solidez política.