En los últimos brindis y parabienes se nos va 2016 en los sectores urbanos que al grito de “felicidades” reciben el nuevo año. Mientras tanto, la realidad es poco menos que una mierda para la mayor parte de la población, que se conforma con el espejismo de la buena voluntad, de “regalar afecto” porque no puede comprarlo y es lo único que puede regalar, y sabe, y lo sabe bien, que al día siguiente tendrá que trabajar para ganarse los frijoles, porque los que se ganan la chuleta son los menos.
La mierda nos llegó al cuello este 2016 y todo apunta para que en 2017 nos ahogue.
Vivimos bajo las inercias de los discursos, de la imagen perdida de las telenovelas, de las retas de barriada donde con una miserable pelota los niños juegan sin advertir que sus hijos harán lo mismo, que no habrá un horizonte distinto, mientras alguien a modo de conformismo dirá “los ricos también lloran, también sufren y no lo tienen todo”, mientras que nosotros los pobres “somos leales, no vivimos en el engaño ni la mentira, en el barrio somos cámaras”.
Mientras que en pocas mesas se degustan el pavo, el manjar y las mieles de lo que se puede comprar, en la mayor parte existe una discreta cena, quizá la misma comida de todos los días, y en la mayor parte de los casos, la miseria que se refleja en una cocina a leña, un casa de cartón y lámina, en donde desde lejos y con amargura se mira lo que los menos disfrutan en un país que sólo es para los que tienen.
Mientras tanto en los noticieros se habla de las proyecciones económicas, del gasolinazo, se dice del raquítico PIB, del inframuerto empleo y del fantasma del desempleo; mientras la culpa se la echamos al decremento del precio del petróleo. Así las horas transcurrirán hasta que se asomen las doce campanadas, donde en los hogares pobres no habrá uvas ni champaña, donde los niños seguramente harán una hoguera con llantas viejas y papeles, para jugar y hablar de la hermandad y del año que viene.
Pero brindemos por este 2017 aunque la mierda nos llegue al cuello; sigamos en este puto festín orgiástico de hipocresías y falsedades; sigamos con la cara de pendejos diciendo a los mil vientos: ¡felicidades!
Por: Carlos Barra Moulain
Carlos Barra Moulain es Dr. en Filosofía Política, su ciudad natal es Santiago de Chile, encuentra en el horizonte social su mejor encuentro con la historia y hace de las calles el espacio de interacción humana que le permite elevar su conciencia pensando que la conciencia nos ha sido legada por los otros.






