AMLO, un gobierno que no termina de arrancar

Demasiados frentes que atender y el exceso de un monólogo fantástico que causa escepticismo.
 
Los índices de popularidad del presidente Andrés Manuel López Obrador (AMLO) siguen en ascenso, aunque ya sin la fuerza que caracterizó a los primeros días. Nadie puede negar que la mañanera, la conferencia que le permite al inquilino de Palacio Nacional fijar autoritariamente la agenda presidencial,ha contribuido a fortalecer el discurso propagandístico de la 4T, cuyo líder se ratifica a diario, a fuerza de machacar las mismas frases y de tener a una dócil prensa militante que todo mensaje le celebra.
En realidad, los aplausos al jefe del Ejecutivo cada vez suenan menos estruendosos; para muchos, lo que ahí se emite es más la estrategia de generar una percepción manipuladora impuesta por el presidente que un reporte sincero de cara al país. Nos empezamos a acostumbrar a un monólogo de fantasías, acusaciones, medias verdades y abstractas referencias históricas originadas por la imaginación retórica del presidente, y surge irremediablemente el escepticismo de un gobierno que no termina de arrancar y de meter primera para consolidar los primeros grandes resultados.

CNTE da la espalda a la izquierda

Así, por ejemplo, los radicales de la CNTE (que en teoría parecían los aliados a la ideología del régimen) han terminado dándole la espalda al gobierno de izquierda; con movilizaciones le hacen sentir que no aplaudirán la reforma de la reforma educativa, esa iniciativa que el Congreso echó para atrás pero que para el magisterio crítico debe cancelarse cualquier posibilidad de imponer la evaluación punitiva del docente.
Los maestros que sostuvieron una sistemática lucha durante todo el peñato le recuerdan a AMLO, con signos muy claros, que van por todo o nada. De tal forma que nada tiene contento a los profesores paristas, que lo mismo toman las cámaras, cierran vías primarias y se manifiestan en la plancha del Zócalo. El presidente de México baja la guardia y propone regresar al entorno que existía en los tiempos de Ernesto Zedillo. Los críticos conservadores ya bautizaron este periodo como el de la involución, porque más allá de lograr transformaciones, como el cangrejo, la fuerza de losmovimientos sindicales extremistas sólo nos lleva para atrás.

AMLO decide proteger a Fox y Calderón

Lo mismo ocurrió con el frente abierto contra los expresidentes panistas, Vicente Fox y Felipe Calderón, que tras suplicar y aducir vivir en condiciones de inseguridad, el presidente tabasqueño ha cedido a otorgarles, con cargo al erario, protección del Ejército mexicano. Esta protección le cuesta al país, pero el mandatario sostiene que en términos económicos representa diez veces menos que lo que en la era del dispendio costaba. No seamos ingenuos: muy a su pesar, López Obrador se vio obligado a subsidiar la protección a sus eternos adversarios, esos que hasta el cansancio fustiga como los “verdaderos conservadores”.

“Primero los pobres…y pejistas”

Otro de los frentes que tiende a eternizarse es el conflicto universitario de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM), que no ha encontrado respuesta al pliego petitorio y el trimestre de académicos y estudiantes está a punto de perderse. Al parecer el presidente está más preocupado con el arranque de sus nuevas universidades para el bienestar “Benito Juárez García”. A diferencia del desdén y olvido en el que mantiene a las otras universidades públicas, IPN y UNAM, a los alumnos de este naciente instituto de educación superior ya les garantizó becas de manutención a los alumnos inscritos. Mientras, a los estoicos pumas y burros politécnicos les recordó que por el “bien de todos, primero los pobres…y pejistas” dela Benito Juárez. A los alumnos de la UNAM y el IPN que se truenan los dedos a diario por la incertidumbre por la falta de apoyo, literalmente los ha bateado, por el momento.

Por: Mario Ortiz Murillo

Maestro en Estudios Regionales, realizó estudios de Marketing político y gubernamental. Académico, periodista y sociólogo urbano; amante de los mejores y peores lugares de la Ciudad de México, a la que pensó que le venía mejor rebautizarla como Estado de Anáhuac que CDMX. Desertor de la burocracia convencido de la poderosa energía de la sociedad civil y marxista especializado en la corriente Groucho (Marx). De profundas raíces fronterizas chihuahuenses, se siente más juarense que Juan Gabriel, aunque ninguno de los dos haya nacido en la otrora Paso del Norte. A punto de doctorarse, le ha faltado tiempo (y motivación) para lograr el grado. Observador de la política nacional e internacional que siempre le resulta un espectáculo más divertido que la más sangrienta de las luchas de la Arena Coliseo. Entre los personajes que más ha respetado en la política se encuentran Heberto Castillo, Arnoldo Martínez Verdugo, Valentín Campa, Carlos Castillo Peraza, Luis H. Álvarez, Olof Palme, Willy Brandt y Fidel Castro. Todavía sueña que en este país la izquierda merece una oportunidad para llegar a la Presidencia de la República; espera verlo antes de morir.


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