Asumir responsabilidades

Una semana ha pasado ya de la inundación en Tula y no está claro por qué nadie, sobre todo Conagua, avisó con tiempo del desastre que se avecinaba; lo que sí está claro es que ahora es urgente el apoyo del gobierno municipal, estatal y federal.

Tula se levanta lentamente de la más grave inundación de la que se tenga memoria entre quienes aquí hemos nacido y ya superamos el medio siglo de vida. Al paso de los días, poco se ha avanzado en saber las causas del desastre por el que murieron 17 personas en el IMSS y se perdieron cientos de casas, además de los negocios chicos y grandes que quedaron debajo del agua originando pérdidas por cientos de millones de pesos.

Las versiones escuchadas sobre lo ocurrido son varias. Está claro que como brazo del gobierno federal responsable del manejo de todos los cuerpos de agua en el país, la Comisión Nacional del Agua (Conagua) aparece como la primera responsable, seguida de Protección Civil, la cual, según la ley, se encargar de vigilar el “conjunto de disposiciones, medidas y acciones destinadas a la prevención, auxilio y la recuperación de la población ante la eventualidad de un desastre”.

Dejando atrás el hecho de que la construcción y puesta en servicio del nel Emisor Oriente (TEO) fue razón importante de esta catástrofe, la Conagua asegura que sí avisó con la debida anticipación de la enorme venida del agua. Hasta hoy no se ha visto documento alguno que respalde este dicho.

La respuesta de la directora nacional de Protección Civil, en el sentido de que sí informaron a tiempo, y al abundar en cómo lo hicieron, asegura que fue a través de redes sociales, aunque también por radio y televisión”. Esta versión resulta a todas luces poco convincente, pues suponiendo que sí lo hayan hecho, evidentemente las redes sociales no son el mejor medio para lograr comunicar algo a la gente, sobre todo en una ciudad de mediano tamaño, como Tula, en donde gran parte de sus habitantes poco o nada saben de las redes sociales.

Y parece broma, pero desafortunadamente es la realidad, pues lo que no hicieron el lunes, lo hicieron equivocadamente el miércoles. Ese día la Policía Estatal iba en patrullas voceando; el Ejército, corriendo por las calles, todo mundo avisando que venía una crecida “tres veces mayor que la del lunes y había que desalojar nuestros domicilios”.

¿Por qué tanta confusión y falta de información veraz y oportuna? Esto como consecuencia de que, a pesar de los “oportunos” avisos que solo causaron pánico, la tarde-noche del miércoles (por fortuna) nada ocurrió.

Cabe la pena señalar que, a diferencia de Tula, en donde las consecuencias todos las conocemos, en Tepeji sí se tomaron las medidas necesarias para evitar daños mayores. Desde buena hora del lunes, el área de Comunicación del gobierno municipal  estuvo enviando información sobre el riesgo que se cernía, la población estuvo alerta y nada grave hubo que lamentar.

En la clínica 5 del IMSS en Tula, las consecuencias fueron trágicas. Su director general se ha visto en serios aprietos a la hora de informar sobre los hechos. No olvidemos que las instalaciones del Seguro tienen muchos años donde todos sabemos, a unos cien metros del río Tula, pero nunca había pasado algo parecido a lo que ocurrió hace unos días.

Habrá que dejar en claro la valentía del personal médico, enfermeras, camilleros, todos sabemos que hicieron todo su esfuerzo por salvar a sus pacientes, pero no hubo tiempo suficiente. Y llegamos a la misma conclusión: falta de información oportuna para salvar a los internos.

Cuánto de lo que ahora nos lamentamos se hubiera evitado si las dependencias del gobierno federal hubieran avisado el lunes, o antes –tal como lo hicieron erróneamente el miércoles-, del enorme caudal de agua que venía para Tula. Un vecino argumentaba: “¿A poco no podían poner a alguien que vigilara el nivel del río?”. Aunque está claro que hoy existen otras formas más avanzadas de darle seguimiento a un fenómeno de esta naturaleza.

¿O acaso la Conagua no tiene personal calificado para prever este tipo de contingencias? Argumentar que se debió a que pobladores de Tula en su momento se opusieron a que siguiera la tala de árboles para ampliar y revestir el río en su paso por la ciudad, lejos de servir de pretexto, robustece el compromiso de la Conagua y/o de Protección Civil de darle seguimiento puntual a los niveles de agua que estaban por llegar a esta ciudad a través del río Tula.

No dudamos que el gobierno del estado, a través de Protección Civil, incluso municipal, se quedó corto en la atención a la emergencia, pero no cambiamos de idea: todo pudo evitarse o prevenirse desde la Comisión Nacional del Agua.

Es necesario que nuestras autoridades se avoquen ahora a limpiar toda la zona dañada, entre otras cosas por el riesgo que significa para la salud el agua negra estancada; que implementen acciones para apoyar a quienes perdieron su hogar, sus bienes, sus negocios. No estábamos listos para un hecho de esta naturaleza y ahora resulta urgente el apoyo del gobierno federal, estatal y municipal.

Por hoy es todo, nos leemos en la siguiente entrega, pero… Entre nos.

Autor: José Guadalupe Rodríguez Cruz

*Egresado de la UNAM como licenciado en Derecho y Diplomado por el Instituto de Administración Pública de Querétaro y por la Universidad Iberoamericana en Políticas Públicas. *Regidor Municipal en Tula, Secretario Municipal de Tula, Diputado local en la LVII y LIX Legislaturas en el estado de Hidalgo y Presidente Municipal Constitucional de Tula 2000-2003. *Autor del libro “Desde el Congreso Hidalguense” y coautor del libro “Tula... su Historia” *Director y fundador del periódico bisemanario “Nueva Imagen de Hidalgo”, que desde 1988 se pública en Tula, Hgo.


ARCHIVADO EN:
, , , , , , , , , , , ,



Right Menu Icon