Picasso y el cuento político

La política hoy se presenta como un Guernica desgarrado, en blanco y negro, se asemeja al cubismo de Picasso, donde las tres dimensiones son la demagogia, el gatopardismo y la corrupción.

Cubrían las bombas el cielo de Guernica y Picasso erguía el pincel con la última tinta en blanco y negro, porque la sangre había perdido color y el mundo sentido.

 

La política hoy se presenta como un Guernica desgarrado, en blanco y negro; en los hechos el cuento político ya no tiene color, palidece ante el extravío de los gobiernos; asemeja al cubismo de Picasso, donde las tres dimensiones son la demagogia, el gatopardismo y la corrupción.

 

La demagogia en la política es la dimensión escénica de la promesa vacía, sin tiempo y espacio, que cruentamente juega con el desaliento de aquellos que encumbran a los poderosos del escritorio, a los pusilánimes de los planes y proyectos de gobierno, aquello que jamás se ha visto en los ojos de su pueblo.

 

El gatopardismo trabaja en la imagen y el discurso, en el sigilo que esconde los intereses del quebranto de la nación, donde cada moneda que proviene del pueblo es una lágrima maldita de sufrimiento y sangre, grito desgarrador de impotencia donde nada cambia y se transforma, porque el gobierno es la mesa del rico que tira sus migajas al suelo para que el pueblo las levante.

 

La corrupción es el instrumento del poder, la saliva de la decisión del político que corroe las entrañas de su pueblo, que insulta con la desfachatez del titiritero para hacer de la opresión el cáncer de la razón.

 

La política ha perdido el color. Se traza desde la demagogia, el gatopardismo y la corrupción; es vertiginosamente una náusea oscura, un vómito del alma que no presenta respuestas a la sociedad, no tiene validez social porque no responde al tejido social.

 

La modernidad parece haber atrapado los lamentos de la sociedad, que sigue gritando frente a los oídos sordos de los políticos sin alma, aquellos que niegan a su pueblo en cada acto demagógico, gatopardista y corrupto, en ese carrusel de excremento y muerte.

 

Cuando Picasso pintó el Guernica en blanco y negro se enfrentó a esa realidad sin color, que había dejado de tener sentido para la sociedad que se encontraba oprimida por las botas del Estado, con la ironía de haber encumbrado en el poder a la clase política.

 

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Autor: Carlos Barra Moulain

Carlos Barra Moulain es Dr. en Filosofía Política, su ciudad natal es Santiago de Chile, encuentra en el horizonte social su mejor encuentro con la historia y hace de las calles el espacio de interacción humana que le permite elevar su conciencia pensando que la conciencia nos ha sido legada por los otros.


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