Capricho spielbergiano

West side story de Spielberg no aporta nada nuevo a la versión original, aunque lo más rescatable son las coreografías que tuvieron ayuda tecnológica.

Amor sin barreras está considerado como uno de los mejores musicales de todos los tiempos. La cinta de Jerome Robbins y Robert Wise obtuvo 10 de los 11 Óscares para los que estaba nominada, incluyendo los de mejor película y mejor director.

La moderna adaptación de Romeo y Julieta, con la música de Leonard Bernstein, era prácticamente insuperable, así que uno no se explica el motivo por el que Steven Spielberg haya decidido crear una nueva versión, a menos de que se tratara de un capricho.

Uno de los principales retos de la cinta era el reparto, para el que se seleccionaron actores poco conocidos, como Ansel Elgort (el intérprete de Baby, el aprendiz del crimen) y la debutante Rachel Zegler. La única veterana era Rita Moreno, quien también es productora; en la cinta original era Anita y aquí es la maternal Valentina.

Curiosamente, algo de lo más rescatable de la nueva versión son las coreografías: auxiliadas por la tecnología, están impecables.

La partitura de Leonard Bernstein es respetada y no se ha modernizado con aparatos electrónicos. La duración es prácticamente la misma y el tema del racismo y las pandillas sigue vigente.

West side story resulta, pues, ser un musical que no aporta nada nuevo a la versión original, la cual probablemente no conozcan las nuevas generaciones, y que fue hecha por un capricho del exniño prodigio, para dedicársela a su difunto padre.

Autor: Jorge Carrasco V.

Egresado de la Facultad de Ciencias Políticas de la UNAM. Periodista activo desde 1981 en diversos medios. Especialista en temas internacionales, deportes y espectáculos. Autor de biografías sobre Pedro Infante y Joaquín Pardavé de Editorial Tomo.


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