De Rusia con amor

El tremendo revés que se llevó AMLO en la ONU tras proponer su Plan Mundial de Fraternidad y Bienestar evidencia que las grandes potencias seguirán actuando conforme a sus intereses, no para garantizar el bienestar general.

Ingresar como invitado al clan del Consejo de Seguridad (CS) de la ONU es una moneda al aire, pues nadie puede jugar a Goliat cuando David es el que manda.

Ahí, el presidente Andrés Manuel López Obrador propuso el Plan Mundial de Fraternidad y Bienestar, donde recomienda una actitud solidaria entre Estados para generar nuevos equilibrios de dignidad y desarrollo humano. Sin embargo, para Vassily Nebenzia, representante permanente de Rusia del CS, la propuesta dejó ver el desconocimiento de la geopolítica y la estabilidad de los Estados por parte de López Obrador, al grado que dejó en la mesa de diálogo una prescripción a título de reprimenda política, no sin antes recordarle que México no es miembro permanente del Consejo de Seguridad de la ONU.

El tinte violento de este desencuentro entre Nebenzia y López Obrador nos sigue recordando que las superpotencias tienen un espíritu imperialista y que esto no se ha construido solo como una metáfora geopolítica, sino con presencia colonialista y militar, cuestión que hace estremecer a cualquiera.

Como en otras ocasiones, y con otros países de economías emergentes como México, el piso del Consejo de Seguridad solo es un escenario de comparsa geopolítica, porque los que toman las decisiones ya han trazado el camino mucho antes de sentarse a la mesa, de modo que la mesa solo es para hacer sobremesa y regurgitar los alimentos que vienen precedidos de expansión económica y presencia política.

Este gran chasco público que se llevó el presidente López Obrador debe servir para volver a los principios de la doctrina juarista, e inclusive de la doctrina Estrada, que ha servido de muro protector de los arrebatos de las grandes potencias y los amos del poder, lo cuales no están dispuestos a solidarizarse un milímetro en los aspectos geopolíticos, y mucho menos para hacer de la bondad el dispendio de su acumulación de riqueza.

México no debe ser protagonista en la política internacional, sino el ejemplo de autoridad moral de una ética política que se basa en el respeto al derecho ajeno como protección del derecho propio; esa es la mejor de las políticas exteriores que se puedan llevar a cabo, porque de lo contrario se corre el riesgo inaudito de ser mordido por uno de estos perros sin correa que se pasean por el mundo defecándolo todo.

La lección es clara: zapatero a tus zapatos, que cuando se conoce el camino no hay por qué explorar otros, máxime cuando la luz está apagada.

 

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Autor: Carlos Barra Moulain

Carlos Barra Moulain es Dr. en Filosofía Política, su ciudad natal es Santiago de Chile, encuentra en el horizonte social su mejor encuentro con la historia y hace de las calles el espacio de interacción humana que le permite elevar su conciencia pensando que la conciencia nos ha sido legada por los otros.


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