Hay conversaciones que necesitan muchas páginas para explicarse, pero hay otras que caben completas en una pantalla de WhatsApp. La exhibida por Reforma entre los senadores Cuauhtémoc Ochoa y Adán Augusto López pertenece claramente a las segundas. En tres mensajes aparecen una comisión del Senado, una gubernatura que dan prácticamente por resuelta, una compañera de partido convertida en motivo de burla, un gobernador al que se le pretende “contrarrestar” y hasta un “Jefe” al que se consulta antes de mover un dedo. Eso sí, no es inteligencia artificial porque esa no te pasa dos “vez” donde correspondían “ves”. Joya absoluta.
La conversación es privada y eso debe decirse, pero terminó siendo pública porque fue captada durante actividades en el Senado y una vez conocida, resulta difícil ignorar su contenido político. Ochoa plantea pedir la Comisión de Bienestar para “afianzar” su presencia en Hidalgo, tener mayor contacto con esa estructura y, particularmente, “contrarrestar” al gobernador Julio Menchaca. No es una interpretación de columnistas ni una especulación de adversarios, es la intención que aparece escrita en el intercambio atribuido al propio senador. Quizá la política sea exactamente eso, pero pocas veces sus protagonistas tienen la cortesía de explicarla tan claramente.
Después vienen más joyas adicionales. Andrea Chávez aparece prácticamente despachando ya como futura gobernadora de Chihuahua, aunque las candidaturas todavía tengan sus propios tiempos y procedimientos; Simey Olvera recibe una descalificación particularmente dura de Adán Augusto; y todo ocurre mientras se discute quién podría quedarse con una comisión legislativa, como si esta fuera también una pieza para posicionamientos electorales. Luego aparece el consejo de “juega políticamente”, para evitar decirle que no a su solicitud. Difícil pedir un mejor retrato de cuerpo completo, cuando piensan que nadie los ve.
Para Hidalgo, el episodio tiene además una carga especial. Adán Augusto no es solamente un senador con influencia, hace apenas unas semanas Morena lo nombró como responsable de la cuarta circunscripción rumbo a 2027, que incluye al estado, precisamente para tareas de organización y operación política. La dirigencia hidalguense ha insistido en que no decidirá candidaturas, pero ahora conocemos una conversación en la que un senador del mismo partido le consulta movimientos, lo llama “Jefe” y plantea expresamente fortalecer su posición frente al gobernador.
Y todo esto aparece a escasos días del cuarto informe de Julio Menchaca, lo cual, si bien no prueba una guerra interna, tampoco ayuda mucho a sostener la tan comentada ficción de que los senadores guindas de Hidalgo y sus equipos de fieles juegan en el mismo equipo del gobernador.
Lo más irónico es que Morena enfrenta justamente el reto de demostrar que su enorme fuerza electoral puede convivir con algo de disciplina interna y cuando menos un poco de respeto a sus compañeros, pero de pronto dos de sus senadores nos dan una anécdota que parece escrita por la oposición. Seguramente vendrá el “control de daños”, explicaciones y deslindes, pero esta vez será difícil culpar a alguien por construir una narrativa que ellos solitos nos regalaron.





