Democracia y financiamiento partidista

El creciente déficit social de resultados de los partidos tradicionales los ha enclaustrado a nivel de su crisis de representatividad y ello se debe a que la distancia entre la eficiencia de sus proyectos políticos en logros y concreción de necesidades públicas es famélica como perro pulguiento, por lo que su credibilidad y legitimidad se encuentra por los suelos desde hace décadas.

México es una de las democracias más caras del planeta en torno al financiamiento de la partidocracia que, en la mayoría de los casos, es un negocio politizado por cofradías y cúpulas de poder.

En Hidalgo, para este 2026, la partidocracia habrá de recibir cerca de 160 millones de pesos que, desde luego, se distribuye asimétricamente entre el porcentaje de peso electoral que presenta y, por ende, existe un abismo presupuestal entre partidos de mayor hegemonía respecto de la chiquillada satelital.

Democracia cara e ineficiente

En su dimensión electoral y de representación partidista de la sociedad, la democracia representativa resulta no sólo cara por el peso que lleva en sus espaldas a nivel tributario la ciudadanía no sólo para sufragar comicios sino, también, a las estructuras partidistas que, salvo raras excepciones, llega a entregar resultados de representación ciudadana que garantizan las soluciones de las problemáticas de sus representados.

El creciente déficit social de resultados de los partidos tradicionales los ha enclaustrado a nivel de su crisis de representatividad y ello se debe a que la distancia entre la eficiencia de sus proyectos políticos en logros y concreción de necesidades públicas es famélica como perro pulguiento, por lo que su credibilidad y legitimidad se encuentra por los suelos desde hace décadas.

El ascenso de Morena y la nueva chiquillada satelital

Morena marca la batuta como partido hegemónico y ello es el resultado de un modelo político de mayores resultados sociales y proximidad ciudadana, cuestión no menor, porque su legitimidad y credibilidad van en ascenso.

En este trazo y lógica política, el capital político del gobernador Julio Menchaca en Hidalgo ha apuntalado a Morena como expresión de partido hegemónico y bastión político, lo que explica e implica el entramado de la afiliación política en territorio hidalguense de más de 270 mil afiliados, sin dejar de lado el peso político de la figura de la presidenta Claudia Sheinbaum en el país.

Sobresale de la incursión en los partidos de la chiquillada satelital el hecho de que el éxodo de actrices y actores políticos de la vieja guardia del PRIAN Hidalgo se encuentra posicionándose en sus cúpulas y aspiran a controlar partidos de poca monta en términos de presencia y deliberación política, pero con posibilidades presupuestarias y con el juego del paraíso plurinominal que todavía está vigente en el juego político de la representación ciudadana”.

Los grupos de poder

En este escenario inconsistente de una democracia representativa cara e ineficiente en Hidalgo y la nación debe sumarse el juego de los grupos de poder como GPI y GU/PT, que se encuentran tratando de infiltrar en la partidocracia sus piezas de ajedrez y, con ello, ganar escaños públicos y capital político en la ambivalencia de una jugada maestra en torno al crecimiento de partidos satélite que, de 10 partidos con registro en Hidalgo, por lo menos 8 de ellos se erigen como tal.

Los grupos de poder revisten un fenómeno político aparte debido a que no se identifican con una propuesta política partidista sino que se encuentran a la pesca de cualquier espacio o zona de influencia política que puedan dominar y, con ello, emprender lobby de presión para respaldar sus intereses, los cuales, también, suelen ser ambivalentes.

Históricamente hemos tenido en este péndulo al Grupo Universidad y su cofradía política, pero no podemos perder de vista al Grupo Plural Independiente que formó el exgobernador Omar Fayad Meneses. En ambos casos, personeras y personeros engrosan escaños y puestos de representación popular, así como encargos en la estructura del gobierno morenista que en su mayoría son de extracción priista, por lo que en el argot o jerga popular se dice que los priistas tienen la sangre roja, pero la piel morena”.

La cruda realidad para la ciudadanía estriba en que formar un partido político es uno de los negocios más rentables que pueda haber, inoculado la democracia representativa que, en la mayoría de los casos, se erige como una pantomima de la realidad política y un despropósito social.