Diálogos sobre poesía

En medio de una realidad convulsa, conviene relajar el alma y darnos un tiempo para leer poesía, un género que hace del universo un sitio más afable.

Los filósofos griegos, no solo la gran triada de Sócrates, Platón y Aristóteles, encontraron que las reflexiones del universo debían transitar por el filtro del alma y se referían a la poesía como génesis del valor del pensamiento.

En este trazo de ilustración del alma, la poesía en nuestros días sigue siendo una ventana al sentimiento de la humanidad, condensa una de las formas más sublimes de tocar el cuerpo a través de la palabra que extiende su ser en el verso, abstracto o concreto, pero con la intención expresa de encaramar la mente como extensión del sentimiento.

Habitualmente, la poesía es el laberinto del amor, fraterno o erótico, e inclusive a la patria o la matria, pero invariablemente es una expresión del eros que construye vida, que es capaz de admitir la belleza del ser en su conexión infinita, cuya esencia no puede ser descrita, cuestión que la poesía admite de manera contundente.

De poemas y entre poetas la silente estructura del verso atraviesa por la cálida verdad de murmullo humano, regocija la textura de las palabras que siguen el ruido de las caracolas de mar que no se cansan de cantarle a las olas con la fidelidad de la melancolía.

Así, el poeta vuelve al verso pan, furia de abril, corazón herido; emergen los destellos de luz como queriendo parir la savia eterna que Dios hizo del espíritu y plasmó en el intelecto, el mismo que es verso y prosa, caria y engaño, pero con la fuerza de la búsqueda de Poseidón.

La poesía no admite el texto sin osadía o sin valor, esgrime como espada la canción que resucita la cordura perdida frente a las bayonetas que pretenden cegar la vida y la verdad; es denuncia vívida de los ojos de niño y el amor de madre; abre la amistad con la miel que endulza la vida, porque es vida.

Los diálogos sobre poesía suelen ser cortos, pero jamás efímeros; asemejan el vuelo del colibrí, tan vertiginoso como el primer beso robado a la mujer amada desde las sombras, precisamente porque se le admira desde las calles en los pasos perdidos de primavera.

Para pensar en pensar con el alma hay que mirar hacia el horizonte con el deseo de que la palabra se vuelva poesía y toque al cuerpo para estremecer el universo.

 

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Por: Carlos Barra Moulain

Carlos Barra Moulain es Dr. en Filosofía Política, su ciudad natal es Santiago de Chile, encuentra en el horizonte social su mejor encuentro con la historia y hace de las calles el espacio de interacción humana que le permite elevar su conciencia pensando que la conciencia nos ha sido legada por los otros.


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