El anillo único y el poder

Juego de tronos y El señor de los anillos, más allá de ser una serie de televisión y un libro, respectivamente, encierran claves del ejercicio del poder y de la democracia.

Después de haber visto la serie Juego de tronos de HBO, me he dado a la tarea de leer la obra Canción de Hielo y Fuego, y puedo decir que es impresionante: perturba, aunque sea armoniosa; preocupa al lector aun conociendo lo venidero; es descarnada, atrevida y diferente; y se impone sobre otras obras. 

Con el paso de las páginas (y de los pronunciamientos del mismo autor en This is not a blog), el texto de George R. R. Martin revela que es la obra de un artesano más, y así como Nicolás Maquiavelo fue estudioso y consecuencia de griegos y latinos;  Ayn Rand de comunistas y del neoliberales; Dante Alighieri de poetas y de teóricos del estado; y todo aquel que ha pretendido dejar huella en la historia de la humanidad tuvo una fuente que lo inspiró, el mismo autor de Canción de Hielo y Fuego afirmó que esta novela tiene su origen en un verdadero juego de tronos: la lucha dinástica por el trono de Francia, relatada en Los Reyes Malditos por Maurice Druon; y en lo que él llamó (en algún momento de su vida) el mejor libro que había leído: El señor de los anillos. 

A 130 años del nacimiento de J. R. R. Tolkien, autor del último libro referido, me permito escribir algunas líneas respecto a algunos detalles de su obra (no partiré de que aquel que me lee conoce las historias de la Tierra Media, aun así no es necesario haberlas leído para entender este texto):

El anillo único tenía la característica de otorgar a su portador la virtud de controlar y leer la mente de los dueños de los otros anillos mágicos y el poseedor del único tenía la suma de los atributos del resto de los artefactos. La totalidad de anillos era veinte y estaban distribuidos entre los reyes elfos, los señores enanos, los hombres mortales condenados a morir y Saurón. Es decir, un poder ejercía imperio sobre los demás poderes. 

Para Karl Lowenstein, uno de los padres del constitucionalismo moderno, el estado opuesto al constitucional, es el estado autócrata y dijo, en su Teoría de la Constitución, que es aquel en el que hay un solo detentador del poder (aunque hubiere muchos en apariencia); este es una persona (física o moral). El ejercicio del poder no está distribuido, sino concentrado y, naturalmente, no hay un control efectivo sobre su poder. El monopolio político no está sometido a ninguna clase de límite constitucional, es decir, su poder es absoluto: este es Saurón contenido en el anillo.

Por otro lado, la Tierra Media no es una federación ni una confederación; sin embargo, el Concilio de Elrond, celebrado por elfos y humanos de distintos países, de reinados enanos de distintas dinastías (representados por una), con el Istar Gandalf en representación de su orden y con participación circunstancial de los hobbits, para acabar con el anillo, refleja la configuración intermedia y casi democrática del cuasi sistema conformado por los asistentes para contraponerse a la autocracia.

La inscripción del anillo único decía: “Un Anillo para gobernarlos a todos. Un Anillo para encontrarlos, un Anillo para atraerlos a todos y atarlos en las tinieblas”.

De lo cual desprendo que las tinieblas son la administración pública y que su burocracia subordinada son, principalmente, los orcos (o mordorianos en razón de su gentilicio) porque en Mordor fueron sus habitantes (no fue la magia, no fue la generación espontánea, no fue tampoco el saqueo) quienes se ocuparon, de forma rudimentaria y preindustrial, de organizar ejércitos, policías, crear caminos, de administrar justicia y de crear mecanismos del ejercicio del monopolio del poder coactivo, aparentemente de forma castrense, a esto se le llama estratocracia y es una forma de gobierno. 

Esta estratocracia autócrata alcanza a tener al menos dos situaciones bien definidas:

1) Los habitantes de Mordor aceptan el gobierno de Saurón sobre ellos y a los estamentos burocráticos a través de un contrato social.

2) Se establece la soberanía: hay un poder centralizado determinado por su origen y este tiene fines que son superiores a los de particulares y a los de otros estados. 

Otro punto importante sobre el anillo es que uno de sus portadores fue el personaje Smeagol (renombrado Gollum), quien, como muchos servidores públicos, fue investido de forma fortuita y se mantiene buscando la permanencia, la continuidad o el retorno del poder. 

La burocracia que no pertenece a una élite de abolengo suele participar estando cerca de los titulares de los cargos y suelen tener un poder sobre la naturaleza para poder negociarlo, al respecto decía Franz Neumann: “El poder sobre la naturaleza es un mero poder intelectual. Consiste en la comprensión humana de la legalidad de la naturaleza exterior a las necesidades del hombre… Este poder es importante. No entraña el control de otros hombres”.

El mejor ejemplo es el Poder Judicial: un conjunto de funcionarios que administran justicia con autonomía teórica. De ellos dice Elisur Arteaga: “No puede afirmarse que la rama judicial sea servidora del grupo en el poder; sus miembros son el grupo en el poder […] hoy se es juez o magistrado; mañana, con observancia de los plazos, se puede ser legislador, gobernador o secretario de estado”. Considero que pasa lo mismo con los asistentes de los políticos, con los delegados de los partidos políticos, con los activistas y con toda clase de personas que alguna vez tuvieron poder y quieren su retorno, o con quienes no lo han tenido, pero aspiran a ser sus titulares. 

Entre los anillos que se mencionan en la obra están que les fueron otorgados a los elfos que daban habilidades sobre la naturaleza física traducida en salud y los que les fueron entregados a los señores enanos que daban habilidades sobre la naturaleza emocional traducida en riqueza material: dos poderes sobre la naturaleza; los nueve anillos dados a los hombres otorgaban poder sobre los hombres, un poder que coincide con el que Max Weber definió en su libro Economía y Sociedad: “significa la probabilidad de imponer la propia voluntad, dentro de una relación social, aun contra toda resistencia y cualquiera que sea el fundamento de esa probabilidad”.

Las formas de poder son infinitas, porque este puede ser legal, ilegal, democrático, eclesial, despótico, imperial, económico, político, impuesto, divino, oclocrático, municipal, etcétera. La obra de J. R. R. Tolkien manifiesta diversas formas del poder. Sin acabar de exponer al anillo único y solo habiendo hecho una somera introducción al entendimiento de que es el anillo, concluyo este artículo en memoria del señor Tolkien. 

Para despedirme, me gustaría agregar que el autor de El señor de los anillos también tuvo sus fuentes e inspiraciones, siendo las más conocidas la Sagrada Biblia y su fe católica, en primer lugar; la vida militar y su participación en la primera guerra mundial, en segundo lugar; y su postura política conservadora y anticomunista, en tercer lugar. 

Autor: Iván Mimila Olvera

Abogado y asesor en materia constitucional y autor de los libros "Cuestionario de Derecho Constitucional" y "Cuestionario de Derecho Constitucional de los Derechos Humanos". Actualmente es litigante en activo y asesor de diversas organizaciones de la sociedad civil.


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