El desastre

Mientras le volteaba la cara al espejo y le reclamaba al destino por alejarme de las manos un capricho, no quería mirar el desastre que yo le causaba a quien en ese entonces me creía el amor de su vida.

Nunca sabremos la destrucción que podemos dejar a nuestro paso por la vida de alguien más. Porque es fácil pensar que no marcamos a las personas que nos rodean; porque a veces nos creemos menos que un grano de arena en el desierto y vamos caminando como si nuestra voz no dejara ecos que pueden convertirse en eternos. Porque nadie suele aceptarse como el villano de la historia.

No es necesario ser un huracán, a veces basta con un par de palabras…o con la ausencia de ellas. 

Reconocer que no somos totalmente buenos le abre la puerta a sabernos con la misma probabilidad de despertar en cualquier lado de la moneda, y que hoy podemos estar con la cara al sol y mañana quizá busquemos hundirnos bajo las piedras. 

En la cima del amor yo he sido la más pacífica, la que no duda en compartir su oxígeno, la que extiende la mano y el corazón para ser ancla o impulso. Pero también he sido una coraza de hielo si la ilusión se desvanece y el viento arrecia.

He sido victimaria y víctima, alguna vez al mismo tiempo pero en diferente sintonía. Alguna vez tuve espacio en la mente, el corazón y la vida para quejarme de una indiferencia mientras me convertía en la piedra en el zapato de otra persona. Le volteaba la cara al espejo y le reclamaba al destino por alejarme de las manos un capricho sin querer mirar el desastre que le causaba a quien en ese entonces me creía el amor de su vida. Yo decía que me importaba cuando en realidad no me importaba tanto, pero si era fácil engañarme a mí misma, cómo no iba a ser fácil engañar a alguien más.

Pero cuando estuve entre cenizas recordé cuando fui fuego, y entonces sentí todo el peso de mis errores sobre los hombros; comencé a pensar que el karma me había alcanzado y que era momento de replantearme a mí misma.

De ese momento han pasado ya varios años y quisiera decir que aprendí de mis errores, que he cumplido las promesas que hice cuando no tenía entre los brazos más que mis propias piernas, que ya soy mi propia guía… Pero para ser honesta, sigo siendo impulsiva y errática, poco asertiva y, a veces, un desastre completo. La diferencia ahora es que, cuando estoy tirada en el piso, me levanto, me sacudo el polvo y sigo, pues total…

 


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