Cuando las instituciones ocupan poco las primeras planas, generalmente significa que están haciendo bien su trabajo, actuando antes de que algún problema crezca. El DIF Hidalgo es una de ellas. Durante mucho tiempo pasó prácticamente desapercibido en la conversación pública, reducido a actos protocolarios y apariciones esporádicas. Hoy, la percepción es distinta, porque más allá de colores partidistas, cuesta trabajo recordar una etapa reciente donde el organismo hubiera tenido tanta presencia institucional como la que ha mostrado en esta administración.
Parte de esa diferencia tiene nombre y apellido. Edda Vite decidió asumir con seriedad la presidencia del patronato y no limitarla a una función representativa. Eso significa que el cargo recuperó visibilidad y sentido. Al mismo tiempo, Ricardo Alvizo ha mantenido una conducción administrativa que pocas veces genera titulares por conflictos y con mayor frecuencia aparece vinculada al trabajo cotidiano. En política eso también cuenta, porque no todas las instituciones llaman la atención por las razones correctas.
Quizá por eso el DIF ha logrado proyectar una imagen distinta con la atención permanente a grupos vulnerables, y particularmente con la respuesta organizada para recibir y distribuir víveres destinados a las familias afectadas por la vaguada monzónica. Puede que no sean acciones llamativas como una obra pública o una disputa política, pero sí hablan de un organismo que parece tener claro cuál es su función.
También conviene poner las cosas en su justa dimensión. Que el DIF hoy funcione mejor no significa que esté exento de retos ni que deba quedar fuera del escrutinio público. Pareciera que la asistencia social siempre será insuficiente frente a las necesidades de una población tan amplia y cualquier institución pública tiene la obligación de rendir cuentas sobre el uso de los recursos y los resultados que obtiene, pero precisamente por eso vale la pena visibilizar un trabajo público serio en un aspecto tan sensible.
Lo interesante, en todo caso, es que el DIF volvió a ocupar un lugar dentro de la vida pública de Hidalgo y eso, visto con perspectiva, también refleja una forma distinta de entender el gobierno. Las instituciones de asistencia no están para lucir en fotografías ni para permanecer escondidas esperando que nadie las note. Están para trabajar cuando más se necesitan. Si esa lógica logra mantenerse más allá de un sexenio y deja de depender de quién ocupe el patronato o la dirección general, entonces el verdadero cambio no habrá sido político, sino por fin institucional.





