El rito como fuente de legitimación

La ceremonia (el rito) es aquel acto público que apela al sentimiento de los individuos, que les recuerda el espacio geográfico al que pertenecen, el régimen al que se debe su forma de vida, los derechos u obligaciones que tienen por ser gobernados por determinado individuo.

Existen dos tipos de moral: la buena y la mala. Para que una conducta sea calificada como moral o inmoral debe de estar regulada en los constructos colectivos, en un manual de urbanidad, en los usos y costumbres de una sociedad, en la ley o en una idea privada.

Hay cuestiones axiológicas (entre ellas las anteriormente mencionadas) que se ponderaron para dar vigencia a las candidaturas que se han registrado para contender en las próximas elecciones. Evitando los escollos, me limitaré a decir que de estas fuentes que menciono nació una legitimación cupular que ya tienen los precandidatos a la gubernatura del estado de Hidalgo, ahora es necesario que ellos queden legitimados por el grueso de la militancia de los partidos que los arropan y por la población que no participa en dichas instituciones pero que actúa en los procesos electorales emitiendo su voto. 

Para iniciar el tema, cito el siguiente párrafo de El principito de Antoine de Saint-Exupéry, que es respuesta a la pregunta ¿qué significa domesticar?: “Es una cosa ya olvidada – dijo el zorro –, significa “crear vínculos […]” Tú eres para mí solo un muchachito igual a otros y no te necesito para nada. Tampoco tú tienes necesidad de mí y no soy para ti más que un zorro como otro zorro cualquiera. Pero si tú me domesticas, entonces tendremos necesidad el uno del otro. Tú serás para mí único en el mundo, como también yo lo seré para ti…”.

Los precandidatos a la gubernatura del estado podrán hacer que sus proyectos de administración sean posibles si logran este vínculo y para ello se requerirá del protocolo y del ceremonial (del rito), de lo cual también se habla en la obra citada. 

No solo se legitima el candidato o el gobernante: es en tribunales, en clubes de servicio, en sociedades secretas, en las iglesias, entre cofrades, con fedatarios públicos, ante el estado y entre los individuos comunes que las personas legitiman su ser y su deber ser. 

Existen diversos mecanismos para la legitimación y el ceremonial, por motivos propios del texto no abordaremos las legitimaciones que se hacen en los sistemas ilegales, como en el pandillerismo latinoamericano, en los cárteles de la droga o en mafias del secuestro y la extorsión, todas ellas verdaderas cortes de los milagros modernas. Así que primero abordaremos la legitimación del poder constitucional: 

Dice el Artículo 39 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos: “Todo poder público dimana del pueblo y se instituye para beneficio de éste”.

Esta expresión funda el origen y el contenido del poder legítimo porque el gobierno no solo debe de ser emanado de la voluntad popular, sino que no debe de actuar en provecho de gobernantes e individuos en particular.

Para que este pacto quede consagrado es necesario dar vista al artículo 128 constitucional, que a la letra dice: “Todo funcionario público, sin excepción alguna, antes de tomar posesión de su encargo, prestará la protesta de guardar la Constitución y las leyes que de ella emanen”.

Sin negar los principios del maquiavelismo (los invito a leer el capítulo XVIII de El Príncipe), la ceremonia es importante. Porque tanto en derecho como en política se dice que la forma es fondo, en el primero porque la ley procesal lo exige, en el segundo porque la ley de la naturaleza humana lo necesita. Ahora, la ley es una idea política codificada y esta requiere de dos elementos: la penalización del que no está sujeto a la norma y la glorificación del poder.  

Mi muy estimada profesora, María Elvira Buelna Serrano, comenta en Textos e imágenes de tiempos convulsos: México insurgente y revolucionario que la formación de los educandos no solo ha sido maniquea, sino que ha formado valores estatistas con la identificación de arquetipos (héroes y villanos), malogrando la imagen de reaccionarios conservadores para aplaudir a los héroes liberales, como un mecanismo de control gubernamental que limita la diversidad de ideas y de postulados en la que no escapa la ética política. Esta educación no se completa sin el devenir público de las personas mediáticas (prensa, burocracia, activistas, intelectuales, etcétera). 

La ceremonia (el rito) es aquel acto público que apela al sentimiento de los individuos, que les recuerda el espacio geográfico al que pertenecen, el régimen al que se debe su forma de vida, los derechos u obligaciones que tienen por ser gobernados por determinado individuo, etcétera; y estas expresiones se dan al celebrar una cabalgata, una reunión vecinal con un actor político, una rodada ciclista, una aglomeración en torno a una idea política que denote fortaleza, denostaciones masivas contra la oposición, y naturalmente con las festividades que rememoran la implantación de sistemas políticos, batallas o escaramuzas. En ese tenor de ideas, los símbolos, los lemas y los himnos serán la cereza que aderezará el pastel en la llamada fiesta de la democracia.

Por otro lado, cuando la ley (o un manual de protocolo y ceremonial) indica cómo debe de colocarse una bandera para atender una solemnidad, cómo debe de estar distribuida la mantelería o dónde debe ubicarse al cónyuge de determinado funcionario en un acto público, es porque el rito se ha vuelto una idea política; sin embargo, puede ser solamente un producto: tratándose del primero de los casos es parte de lo que se ha venido exponiendo; de ser el segundo caso, el acto ceremonioso no tendrá arraigo con el pueblo y se podrá homologar a los actos de la sociedad civil, pero será vacuo su contenido y no tendrá el efecto deseado.

Entre las ceremonias que legitiman se encuentran las que acompañan al matrimonio, al tatuaje, a los actos eclesiásticos, a las dignidades internacionales, a la academia y naturalmente a los actos de los detentadores del poder. 

Quienes presencian o perciben los protocolos y las ceremonias legitiman a quienes las viven como consecuencia de su coyuntura, quienes no se manifiestan a través del rito o lo hacen de forma equívoca no son aprobados hasta que manifiestan un acto que les permite lograr la posición deseada. 

Finalmente, es importante que quien legitime a través del rito sepa que se deslegitima a través del mismo, de la calumnia y de la traición.

Autor: Iván Mimila Olvera

Abogado y asesor en materia constitucional y autor de los libros "Cuestionario de Derecho Constitucional" y "Cuestionario de Derecho Constitucional de los Derechos Humanos". Actualmente es litigante en activo y asesor de diversas organizaciones de la sociedad civil.


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