Jesús Murillo dirigirá la orquesta de presidenciables

Fotografía: Plana Mayor

Hace un par de días se dijo que Jesús Murillo Karam retomaría su papel estelar en la política nacional (si es que realmente dejó de serlo en algún momento) para “operar” los trabajos del CEN PRI en la elección del candidato presidenciable en 2018.

Murillo Karam tendrá a su cargo la conciliación de intereses entre grupos priistas, negociaciones y estrategias efectivas para consolidar la unidad tricolor; una de las fechas que deberá considerar el exgobernador hidalguense es la asamblea que se llevará a cabo el próximo 12 de agosto con la asistencia del presidente de la República.

Diversas hipótesis se han barajado sobre la identidad del siguiente presidenciable, tal como hemos visto los ágiles movimientos –muy al estilo de la vieja escuela- encargados de brindar un mensaje a la ciudadanía al tiempo que llega uno cifrado a su estructura política.

De este modo podemos ver emerger un discurso que habla de la necesidad de designar a un candidato no tan relacionado con el “Orgullo Priista” para evitar el rechazo ciudadano, cuando lo que realmente pugnan es el favor a alguno de los aspirantes cercanos a Luis Videgaray que cuentan con características similares: no poseen militancia probada ni trayectoria política, tal es el caso de José Antonio Meade, extraído del PAN, o Aurelio Nuño, que no es considerado cuadro activo del PRI; ambos sin mérito partidista.

Por otro lado, surge el movimiento de “Políticos de Café” en virtual contubernio con grupos de probada y sobrada militancia que, lógicamente, no ven con buenos ojos a algún candidato favorecido solamente por el “dedazo”. Aquí es importante señalar a Enrique Peña Nieto despojado del  presidencialismo por falta de poder, grupo y fuerza al interior del CEN PRI, pues su candidatura vino de una respuesta desesperada para revivir al coloso invencible.

Del último grupo mencionado pueden surgir nombres como Ivonne Ortega Pacheco, que representa a los cuadros que no cuentan con la venia presidencial pero forjados en tiempos de agonía y portadores orgullosos del triunfo concretado, motivando por congruencia política el rechazo tajante a imposiciones de personajes externos.

Es que los priistas, durante las elecciones de 2012, lograron probar al interior y exterior de sus filas que su poder permanece intacto pese a las caídas, que si bien es cierta la urgencia de captar el voto joven, también lo es que tienen la capacidad para triunfar sobre sus adversarios con el dominio de tácticas político-electorales por todos igualadas y por nadie superadas.

Es el caso del propio Andrés Manuel López Obrador, quien busca generar a través de su persona el mismo culto reverencial que los priistas destinan a sus colores, empleando además las viejas estrategias de la generación tricolor de los años ´80 y ´90 -tal como él-.

Bajo este tenor surge el nombre de Jesús Murillo Karam, “hacedor de políticos”; concretamente es el creador de la actual clase política hidalguense, no en vano el propio Peña Nieto le brinda su respeto.

Con la difícil tarea a cuestas de preparar el camino rumbo a 2018, Jesús Murillo deberá sentarse a negociar con políticos como Manlio Fabio Beltrones, de quien se presume estar detrás de su salida de la PGR en aras de proporcionar un golpe desestabilizador a Peña Nieto para ser llamado a servir en SEGOB y así tomar el control político del país. Pero esa es sólo una teoría conspiratoria de mentes “de café”.

El sonorense es otro aspirante a abanderar el PRI en las próximas contiendas sin que pese su pasado polémico: su padrino fue Fernando Gutiérrez Barrios, quien encabezaba la DFS (si usted recuerda la guerra sucia, estudiantes y guerrilleros deberá recordar a la Federal de Seguridad como “encargada” de contener dichos movimientos), su presencia en hechos “cuestionables” sobre el homicidio de Luis Donaldo Colosio, las denuncias sobre sus vínculos con el narcotráfico por parte del New York Times y señalamientos por algunos otros delicados temas por parte de Lydia Cacho –ambos casos desmentidos, por supuesto-, hacen difícil un escenario en el que pudiera surgir como contrapeso del Mesías Tropical.

Un dato curioso de Manlio Fabio Beltrones fue su cercanía posterior con Carlos Salinas de Gortari, quien recientemente se ha dejado ver en el escenario; mientras Ivonne Ortega proviene de un imperio caciquil yucateco relacionado con Luis Echeverría, Luis Videgaray es mencionado como aprendiz de Pedro Aspe, que navegó en el salinismo y zedillismo, teniendo una especial inclinación por el proyecto del último presidente priista. Paralelamente surge el nombre de Enrique de la Madrid, descendiente directo de Miguel de la Madrid Hurtado, expresidente de la República –como dato curioso, tío de la muy famosa “Gaviota”-.

Mención aparte merece Miguel Ángel Osorio Chong, quien se suma en la carrera a Los Pinos mientras sigue sosteniendo la política nacional, que no es caso fácil; conlleva la gran mayoría de temas de trabajo fino, y es éste mismo tópico el que sus detractores achacan en su contra.

Del oriundo de Hidalgo se debe resaltar la capacidad que ha mostrado para sostener un país que desde hace décadas vive en un escenario post apocalíptico; según el decir de Carlos Monsiváis, los mexicanos hace mucho conocimos el apocalipsis para encontrarnos viviendo una realidad que sobrepasó nuestros grandes temores, baste recordar la devaluación de 1994, la guerra sucia, la guerra contra con el narcotráfico, los escándalos lopezportillistas o la reiterada renovación moral.

Es así como aspirantes y más aspirantes participan en la pasarela priista, mientras Jesús Murillo hace el trabajo fuerte para buscar garantizar la permanencia tricolor en la Silla Presidencial.


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