Hay áreas del servicio público donde prácticamente todos los días aparece un reto nuevo por resolver. La Secretaría de Salud es un buen ejemplo de eso, porque ahí conviven hospitales, medicamentos, personal, infraestructura y una demanda ciudadana que nunca se detiene. Vanesa Escalante ha tenido que moverse en ese terreno y, más allá de la evaluación que corresponda hacer de su gestión, lo que empieza a distinguir su paso por la dependencia es su forma de ejercer el cargo, donde se percibe cercana a la gente, desde una óptica real y no como una puesta en escena.
Eso se nota particularmente cuando sale de la oficina. En sus recorridos, eventos y encuentros con comunidades no parece demasiado preocupada por construir esa imagen de funcionaria inaccesible que aún acompaña a muchos integrantes de la clase política. Se le ve hablando con la gente, escuchando y recorriendo territorio con una naturalidad que difícilmente se puede fabricar. Puede parecer un detalle menor, pero en una época donde casi todo se prepara para la fotografía y las redes sociales, la diferencia entre parecer cercano y realmente sentirse cómodo entre la gente se nota.
Desde luego, la cercanía no puede convertirse en el único criterio para evaluar a una secretaria de Salud. Vanesa Escalante tendrá que responder por su gestión como cualquier integrante del gabinete, pero quizá ahí está precisamente lo interesante de su perfil, pues ha logrado que su presencia pública no se limite al escritorio ni dependa únicamente de las cifras que presenta la dependencia.
Políticamente, eso también construye. Vanesa no parece pertenecer a ese círculo de personajes que se comportan como si el cargo fuera una categoría social permanente, sino a una generación que entiende –o debería entender– que hoy se puede ser secretaria y mañana volver a caminar sin séquito por los mismos lugares. Esa conciencia de que los cargos terminan suele ser una buena brújula para ejercerlos y, en su caso, puede convertirse además en un activo hacia adelante, porque la política también es la memoria que queda en la gente después de que se apagan los reflectores de un cargo público.
Habrá tiempo para saber cuál es el futuro político de Vanesa Escalante y si su paso por Salud representa una parte más larga de su trayectoria. Por ahora, lo que resulta interesante es observar un perfil que ha encontrado en la cercanía una manera propia de ejercer la función pública sin necesidad de hacer demasiado ruido alrededor. Eso no necesariamente garantiza resultados electorales ni asegura futuros cargos, pero sí construye algo que en política cuesta mucho conseguir y se pierde bastante rápido: que la gente deje de ver primero el puesto y alcance a reconocer a la persona que lo ocupa.





